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Nacer con displasia: Las dificultades tras un año de tratamiento

Luego de conocer el diagnóstico de displasia de caderas, a través de la radiografía que debe realizarse a los tres meses de edad, comienza de inmediato el tratamiento, que consiste en posicionar la cadera a la altura que corresponde y que logre encajar de forma correcta mediante correas o arnés de Pavlik. Este tratamiento se usa en bebés hasta los doce meses de edad para mantener la cadera en su lugar, y de este modo permitir que las piernas tengan movimiento.

Las medidas y niveles de dicho tratamiento son de exclusiva manipulación del Traumatólogo tratante, quien examinará con frecuencia al bebé para verificar que las correas estén realizando su trabajo de manera óptima. Al finalizar el tratamiento, se verifica nuevamente a través de radiografías la ubicación de la cadera, debido que en ocasiones puede continuar con una luxación parcial o total de la misma.

La constancia de este tratamiento es fundamental para la evolución y resultado del tratamiento, su buen uso y compromiso, ayudan a ver los avances esperados. Como en todo tipo de tratamiento, podemos visualizar avances, mejorías, e incluso retrocesos. Hoy te cuento mi experiencia y el proceso de un año y dos meses que vivimos con la displasia.

Respira profundo

Mi hija Joaquina, inició su tratamiento de displasia mediante correas de Pavlik a la edad de tres meses, un procedimiento que nos acompañó por nueve largos meses. Tiempo que, si bien logró mejorar y reducir sus grados o niveles de displasia, no lograron ser suficientes para dar el alta, por lo que se decidió llegar a la última instancia de esta patología: la cirugía. Este procedimiento se conoce como una reducción cerrada, la cual busca regresar la cadera a su lugar de forma manual.

El proceso post quirúrgico suele ser complejo, tanto emocional como físico, porque además de que se llevan un par de kilos adicionales producto del yeso que va desde la altura del hombligo hasta las piernas, se generan dificultades en la muda, en la ropa e incluso en la lactancia, pero nada te detiene cuando eres tú la contención, consuelo y compañía en este tipo de tratamiento.

El peso se puede llevar, el cansancio se puede postergar, el desgaste físico se puede superar y una displasia también. Que cada ajuste de correas sea un paso, que cada radiografía sea un mes menos de tratamiento y que si la cirugía se acerca, es porque pronto verás a tu hijo libre de tratamientos, sano y dando sus primeros pasos. Y tú, respirando más largo y respirando más profundo, porque todo esto ya acabó.

Constanza Morales, madre de Joaquina.
@mama.cotidiana

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