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A veces me escapo mentalmente a mi vida antes de ser madre

Por Daniela Méndez

A veces mientras cocino pongo rock argentino, ese que escuchaba a diario a mis veintitantos años y allí, mientras preparo el almuerzo de mi hijo, tengo una cita con esa chica que no cocinaba ni para ella. Hace poco mi peque me encontró bailando y gritó emocionado: “papa, mamá está bailando”

Otras, mientras camino a buscarlo al jardín o a algún compromiso y voy sola, con las manos libres, me recuerdo caminando sin parar, medio despistada, sin prisas, a mis clases de yoga, psicoanálisis o a visitar a un amor. Este recuerdo me hace coquetear con mi yo del pasado y a sonreír con mi yo de hoy que casi siempre va con prisas y que, si se despista, no le lleva la velocidad a su hijo.

Algunas veces también, mientras me baño en la tina, cosa que logro hacer MUCHAS menos veces de las que hacía (en una época era un ritual que hacía a diario, aunque no fuera -ni sea – nada ecológico) y escucho “mamá”, me río acordándome de cuánto tiempo pase metida en el agua, reflexionando sobre tantas cosas de la existencia… disfrutando mucho a ratos y otros, llegándome a aburrir de tanta soledad y el silencio.

En ocasiones muero de sueño y anhelo las siestas que hacía o cuando dormía doce horas corridas. Entonces hablo de eso con mi esposo o me río con mi amiga Maru recordando aquellos tiempos en los que juntas nos poníamos la tarea de dormir hasta el mediodía; reírme de todo esto me ayuda, me reconforta, me acompaña entender que la vida son etapas y ciclos.

Si, querida, yo amo mi vida. Lo cual no significa que sea perfecta… ¡para nada! Tengo desafíos todos los días, pero amo lo que he construido y lo que la vida me entrega en el presente; aun así, me escapo a viejos paseos, viajes, amantes, deseos, navego a veces en mis diarios, abrazando la energía y la sabiduría, e incluso las heridas, que esa yo del pasado me entrega.

Ni loca volvería a ciertos lugares o me quedaría allá -en el pasado- más de un rato o máximo algunos días porque hay cosas en las que damos saltos cuánticos, pero viajar mentalmente a ratos a lugares sanos, bonitos, puede ser saludable y rico.

Me pasa algo hermoso cuando vivo estos momentos. Tengo una cita en vivo que me da nostalgia, pero a la vez me entrega algo de esos años, de la juventud, la libertad, el deseo. También me lleno de agradecimiento porque en aquel entonces anhelaba la vida llena de amor y compañía -con el compromiso y desafíos que implica- que tengo hoy.

¿A dónde se fue la mujer que era, Daniela? Me preguntó mi amiga un día en ese momento en el que, con tu hijo de dos años, estás repensándote, recogiendo algunos pedazos de ti que han cambiado de lugar. Esta pregunta tal vez te la has hecho tú también – ¡yo sí! -. Pues ella está allí, en ella. Nuestra yo del pasado, esa a la que escapamos y a esa a la que ni loca visitaríamos de vuelta en ciertos lugares, espacios y compañía, está allí en un lugar de nuestra historia y de nuestra yo HOY.

Escapar mentalmente o físicamente, siendo madres, es válido y no tiene nada que ver con que no seas feliz o estés agradecida por tu vida, querida.

Todas necesitamos hacerlo alguna vez y hace bien.

Tal vez volvamos más serenas, sonrientes o enérgicas. Tal vez más agradecidas o más sabias o simplemente más lúcidas y claras.

Hay una película que toca este tema. Se llama Tully protagonizada por Charlize Theron y te la recomiendo muchísimo. Es de una mujer que se encuentra con una “amiga” más joven y esa amiga es ¡ella misma! Esos encuentros la “sanan” y reconfortan su alma.

Por último te comparto algo: en nuestra yo del pasado, incluso en nuestra yo niña, hay algo que nos rescata, que nos recuerda eso que somos, que forma parte de lo más profundo de nosotras y que tal vez, entre tanto hacer y cuidar, hemos olvidado: desde el color que nos gustaba, el estilo que nos encantaba en el pelo, la música que nos movía el suelo, lo que nos emocionaba y nos hacía llenar de energía, de amor, de serenidad, de pasión, hasta las locuras que éramos capaces de hacer cuando no nos faltaba el sueño.

Usemos a nuestro favor estos escapes con nuestra yo antes de ser madre: no tenemos que ser en todo igual a ella, ni viajar a todos los momentos de su historia, pero sí podemos abrazarla para reencontrarnos con la que siempre fuimos, somos y seremos porque conectando con ella, tal vez nuestra chispa interna se encienda y nos sostenga mientras sostenemos a nuestros peques en nuestro presente.


Daniela Méndez es psicóloga psicoanalista, dedicada a la psicología femenina y autora de Prometo Amarme. Una de sus motivaciones más importantes es descubrir cómo vivimos las mujeres la experiencia de maternidad. La puedes encontrar en su Instagram: @espaciodanielaalma y en su página web: danielaalma.com

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