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Bullying: ¿Cómo darse cuenta cuando nuestros hijos están siendo víctimas?

Numerosos son los casos que conocemos donde la historia y el resultado son los mismos; niños, niñas y adolescentes que luego de largos períodos de amenazas, maltrato, violencia y aislamiento, terminan en profundas depresiones o, incluso, tomando decisiones mucho mas extremas, como el lastimarse físicamente o, derechamente, el suicidio. Todos esos padres se preguntaron lo mismo: ¿cómo no me di cuenta de lo grave de la situación? Y es que sin duda es un enemigo silencioso.

Por eso es que este jueves 5 de noviembre, la Unesco celebra el Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, incluido el Ciberacoso, como una forma de reconocer que la violencia en el entorno escolar atenta contra los derechos de los niños y los adolescentes.

El estudio anual de la ONG Internacional Bullying Sin Fronteras 2017-2018 demuestra que “hubo un aumento de un 40% en las denuncias por maltratos físicos y psicológicos en colegios públicos y privados de Chile”, señala la psicóloga Gretchen Beiza, Coordinadora Salvaguarda, de la red de colegios Cognita. Lo cual significa, según los resultados de la IX Encuesta Nacional realizada por el Instituto Nacional de la Juventud (Injuv), que 1 de cada 4 jóvenes ha sufrido alguna situación de violencia física o psicológica en su lugar de estudios. Además, 1 de cada 5 (21,1%) ha sido víctima de bullying cibernético, un tema no menor si pensamos que en pandemia ha sido la forma de conectarse socialmente. De hecho, según un informe elaborado por Bullying Sin Fronteras, el 33% de los niños y adolescentes de América Latina y España afirmaron haber sido víctimas de ciberbullying durante la cuarentena, siendo los menores de entre 6 y 12 años el sector más vulnerable.

Víctimas y victimarios

Los actos violentos tienen repercusiones negativas considerables, fundamentalmente en la salud mental y la calidad de la vida en general. Los niños acosados corren 3 veces más el peligro de padecer aislamiento, pero también tienen 2 veces más el riesgo de faltar a clases, obteniendo resultados menos satisfactorios que sus compañeros, según cifras de la Unesco.

Para la especialista de la red de colegios Cognita, “podemos encontrar que son niños con muy poca confianza en sí mismos y no parecen poder defenderse solos, poseen una personalidad insegura, baja autoestima (causa y consecuencia del acoso escolar), inmadurez, alto nivel de ansiedad, debilidad y sumisión; son introvertidos, tímidos, con dificultades de relación y de habilidades sociales”, enumera la psicóloga.

Asimismo, quienes son los denominados “agresores”, Gretchen Beiza especifica que diversos autores los identifican con ciertos rasgos de personalidad, “tales como agresividad y fuerte impulsividad, ausencia de empatía, poco control de la ira, percepción errónea de la intencionalidad de los demás y sin sentimiento de culpabilidad, justificando que el otro se lo merece”. Según explica la psicóloga, la evolución de estos niños en el futuro puede derivar, si no se trata correctamente, hacia la delincuencia o la agresión familiar.

Pesquisar a tiempo el ciberbullying

Es importante comprender que el ciberacoso o ciberbullying, consiste en una forma de violencia similar al acoso escolar, pero que utiliza medios tecnológicos como redes sociales, internet u otros espacios virtuales que pueden ser incluso anónimos, por lo que su difusión e impacto es mucho mayor. El ciberacoso incluye conductas de violencia sicológica, social, insultos, suplantación de identidad, difusión de material denigrante o la exclusión en línea.

Para la especialista de la red Cognita, la clave está en detectar señales tempranas, a través de la educación de los adultos y la comunicación con los hijos; observarlos de cerca y hablar abiertamente del tema.

“Algunas de los signos que podemos observar como adultos y que nos podrían alertar de que nuestros niños están siendo víctimas de ciberacoso, son cambios en los estados de ánimo- ya que puede que no verbalicen directamente lo que les está ocurriendo-, ansiedad o estado de alerta, evitar participar en actividades escolares o reunirse con compañeros/as del colegio, baja en el rendimiento académico, dificultades para comer o dormir, angustia o malhumor después de haber estado conectado a internet o a su celular, y mucha reserva o cautela frente a las consultas de su actividad en internet”, explica.

Estas señales no son únicas, ni representan la totalidad de las posibles alertas que podamos observar; lo fundamental es mantener canales de comunicación con los niños que permitan visualizar si hay cambios en su forma de comportarse o en su estado de ánimo que nos pueda alertar de que algo está pasando.

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