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El dolor de un aborto involuntario

Durante mucho tiempo, ha sido un procedimiento médico lleno de preconcepciones que lo envisten de una carga negativa, atemorizante e incluso tabú sobre todo por los mitos vinculados a la muerte, tanto de la madre o del bebé que venía en camino.

Es una intervención quirúrgica, que habitualmente se hace bajo anestesia general o parcial, dependiendo de cada caso y se utiliza para la interrupción del embarazo, vaciado uterino y para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades ginecológicas. Consiste en la dilatación del cuello uterino, a través del cual se introduce un instrumento que apoya el procedimiento de limpieza interior.

Debido a la estigmatización del procedimiento, surgen muchas dudas y ansiedades que no surgen frente a una operación de apendicitis u otra menos cargada negativamente. El temor, la ansiedad y la culpa muchas veces marcan el tono en estos procedimientos, intensificándose en ocasiones por el desconocimiento y las aprehensiones sociales al respecto.

Si bien las consecuencias médicas pueden variar, con la tecnología y formación actual son bastante reducidas, y de acuerdo a la OMS los avances en tecnología, procedimientos y desarrollos médicos en general actuales, podrían eliminar en su totalidad los riesgos de abortos inseguros.

Las consecuencias médicas pueden ser variadas y mayormente transitorias, desde falsos positivos frente a un test de embarazo por la permanencia de la hormona del embarazo en nuestro cuerpo (HCG), variaciones en el ciclo menstrual hasta lumbago, dolores focalizados y sangrado en disminución. Y a pesar de ser un procedimiento cada día más habitual, existen cuidados necesarios frente a una intervención de estas características, que no debemos dejar de considerar: reposo, atención a posibles infecciones, cuidado en la realización de ejercicios, y sobre todo monitoreo y acompañamiento emocional.

El dolor retenido

Las consecuencias a nivel emocional son tan variadas como personas que viven esta experiencia. Existen mujeres que experimentan un gran dolor por la perdida, algunas otras experimentan un alivio por terminar con el proceso y otras que experimentan todo esto, mucho más y mucho menos. No es posible hacer una lista de síntomas, o una lista de consecuencias. En todas estas experiencias afecta la connotación social del procedimiento, el acompañamiento que reciba, el respeto por el proceso de duelo, las expectativas y las ilusiones.

Existen duelos que generan síntomas, existen duelos que parece que no. Existen procesos que tienen muchas lágrimas, y existen duelos que no. Existen duelos con enojo, con culpa, con rabia y con mucha pena y otros que no. En muchos casos el dolor físico y psicológico se entrelazan, se compromete nuestro cuerpo, nuestras fantasías e ilusiones. Algunas veces el dolor de un aborto involuntario se mezcla con dolores que ya nos acompañaban, agudizando la sintomatología. Algunas mujeres pueden pasar por periodos de mayor labilidad, por cuadros de ansiedad, generar un trastorno adaptativo o pueden emerger episodios depresivos de diferentes intensidades.

Invitar a una mujer a que viva su duelo libremente no es una petición fácil y muchas veces tampoco muy plausible. Vivir el dolor, suele ser la recomendación mas adecuada pero la más compleja a la vez. Para ser justos, la invitación también debemos hacerla extensiva, a la familia, a las redes de apoyo. Es una invitación al respeto del proceso individual, a dejar espacios, abrirse a las posibilidades y a pensar espacios terapéuticos, ya sea psicológicos, psiquiátricos, rituales, religiosos u otros que con sentido se unan a cada proceso.

Ps. Alejandra Monjes W. Mg. Psicología Clínica

@alemonjes

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