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El impacto que genera trabajar con niños

Por Soledad López Contardo

Soy profesora hace 16 años, y mi trabajo es una de las áreas que más impacta en mi vida, no solo en lo profesional, sino también en mi emocionalidad.

Estoy muy lejos de ser la profesora perfecta: todos los días fallo y cometo errores, a veces no me doy cuenta en el momento, sino mucho después, pero trato siempre de repararlos, desde el amor y el respeto a mis estudiantes; la mayoría de las veces son ellos con su inocencia y nobleza los que me hacen ver esos errores.

Muchos días no me quiero levantar, no quiero hacer entrevistas y tampoco reuniones de apoderados (me hacen sentir ansiosa, nerviosa e impaciente), incluso hay días en que no quiero hacer clases: algo imposible, porque yo soy la “profe, miss, tía”. Me agobian los problemas de la vida cotidiana y mi rol de mamá, me faltan horas del día para organizar las muchas responsabilidades de adulto responsable, que el 90% del tiempo quisiera no tener.

A lo largo del tiempo que llevo dedicándome a esto, me he planteado algunas ideas que creo son básicas para que, al trabajar con niños y niñas, la relación se desarrolle con fluidez:

  • Debes estar preparado para lo inesperado, en la sala de clases todo puede pasar.
  • No hay un estudiante igual a otro, valora la neurodiversidad.
  • Los niños siempre tienen energía, y si un día no la tienen, debes estar atento, algo pasa.
  • A veces no hay gratificación.
  • Amor, respeto y tolerancia ante cualquier situación difícil
  • El error es parte del aprendizaje.

También es fundamental conocerlos desde su individualidad, para sacar lo mejor de ellos y a la vez dar lo mejor de nosotros mismos, esto es muy demandante, pero al trabajar con niños genera un gran impacto, que trasciende a la sala de clases, se sienten valorados y visibles.

“El error es parte del aprendizaje”.

No envidio ni un poco a las personas que trabajan todo el día frente a un computador, porque no son tan afortunados como yo. Los niños nos cambian la visión del mundo, el sentido con el que observamos lo que nos rodea. Son un tremendo cable a tierra, más aún cuando consideramos que los niños y niñas de hoy son tremendamente opinantes y críticos. Ya no es como antes, que entrabas a la sala de clase y los estudiantes parecían estatuas, casi no respiraban, porque él o la profesora, más que cualquier cosa, les hacía sentir miedo. Así era el antiguo paradigma educativo. Hoy en día, los profesores que trabajamos especialmente con la primera infancia, o en los primeros años de escolaridad, tenemos una gran responsabilidad: somos las personas encargadas de desarrollar todas esas habilidades ocultas que los niños y niñas tienen.

“Los niños nos cambian la visión del mundo, el sentido con el que observamos lo que nos rodea”.

Así como trabajar con niños es gratificante, es muy difícil, porque de alguna forma también estamos vulnerables a lo que a ellos les pase; es inevitable que si uno de tus estudiantes lo está pasando mal (por la razón que sea, académica, familiar etc.) nosotros también lo pasemos mal y comenzamos a hacer innumerables esfuerzos por contener y calmar ese estado: nos involucramos, aunque no debamos, nuestra capacidad a toda prueba.

¿Existe otra profesión que genere todo esto en los adultos?

No lo creo, ser profesora es una tarea sin igual.

María Soledad López Contardo es profesora de Educación Básica y madre, y tiene un magíster en Desarrollo Curricular y Proyectos Educativos. Su intención como docente es acoger y dejar una huella en sus estudiantes y familias.

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