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Los hombres nos agreden porque pueden: fortalecer a las niñas es autoestima

Esta semana nos hemos impactado con una nueva noticia de violencia de género. Esta semana nos hemos empoderado, porque hemos solidarizado con nuestras congéneres e incluso se ha salido a la calle a gritar “ni una menos”.

Sin embargo, me he sentido dolida al leer algunos comentarios frente a la ayuda pedida por Valentina. Porque eso es, pide ayuda porque sabe que la justicia llegará cuando sea demasiado tarde.

Creo que por esta misma razón me han enviado muchas reflexiones y preguntas sobre el “por qué”. Me preguntan por qué pasa esto, por qué los hombres nos golpean y solo me queda responder con dolor: “por una razón, porque pueden”.

Entonces todas las madres nos horrorizamos al caer en cuenta que Valentina puede ser nuestra hija. Que en algún momento, al crecer, será susceptible de ser víctima ¿por qué? Porque es mujer. Entonces, ¿cómo fortalecemos a nuestras niñas cuando el sistema indica que todo será más difícil para ella y que siempre estará en riesgo?

La respuesta es cambiando nuestro discurso con la infancia. Las niñas no son de nadie, no es mía porque soy su madre, es de ella. Tal cual, el cuerpo es de ella y ella decide qué hacer con él. Su cuerpo decide si saludar o no saludar a alguien, su cuerpo decide si se come o no se come toda la sopa, su cuerpo decide si tiene frío o calor, porque el cuerpo es de ellas.

Cuando algo pase durante la rutina del día, como por ejemplo tirarle el pelo al peinar o hacer algo que sin querer le duela, déjala que grite porque le duele; le duele SU cuerpo. No la retes por gritar que algo le duele. Deja que grite MUY fuerte cada vez que algo le duela.

No la obligues a sentarse como señorita o a ser sutil y silenciosa para que se vea femenina, a usar aros o pinches. Déjala que sea ella misma, que haga y vista lo que quiera.

No le enseñes a ser niña buena, no le enseñes a obedecer, no le digas que se porte bien. Enséñale a obedecerse y que solo haga lo que le da placer y le gusta. Que no le obedezca a nadie, que no te obedezca a ti.

No le enseñes que los adultos deciden sobre su cuerpo, ni siquiera tú. Que vaya al baño cuando necesite, no cuando un adulto le diga que debe hacerlo. No le enseñes a obedecer, enséñale a hacer lo que ella quiere y a hacer lo que el adulto le dice, si eso le parece coherente a ella. A nadie más que a ella.

Y nunca le enseñes que la castigas porque “la quieres, porque le quieres enseñar, porque se lo merece por ser mala niña”. Nunca le enseñes que el castigo va de la mano con el amor, porque nos han engañado. Así como Disney nos donó un felices para siempre utópico y dañino, las madres nos donaron un “te castigo porque te quiero”.

Y NUNCA jamás las golpees, ni fuerte, ni despacio, ni tirando el pelo, ni tirando la oreja: NUNCA las golpees. Nadie merece ser golpeado por quien más ama en la vida.

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Te abrazo Valentina. Yo te creo.

Varinia Signorelli

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