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Mamá adolescente

Por Isabel Núñez

Fui madre a los 18 años.

Cada vez que recuerdo esta parte de mi historia es inevitable no sentir una especie de escalofrío que me recorre de pies a cabeza acompañado de angustia y nervios.

Tenía 17 años, cursaba 4to medio, llevaba 1 año y medio de pololeo y me sentía profundamente enamorada, al parecer era mutuo.

Si bien tenía claro el riesgo que corría, no fui capaz de conversarlo con mi mamá para que me ayudara con el tema de métodos anticonceptivos incluso cuando ella me lo había ofrecido. La vergüenza y la poca confianza hacia ella hizo que omitiera todo tipo de información. Además, tenía esa ilusa creencia de “A mí no me pasará”.

Fue un domingo, con 4 días de atraso, que junto a Claudio (mi pololo) hicimos el temido test de embarazo. Recuerdo vívidamente el terror que sentí, ni siquiera fui capaz de mirar el resultado, fue Claudio quien me dio la noticia. Lloré, pataleé, grité y entré en una especie de negación profunda donde me sumergí por varios días. Claudio conteniendo y acompañando en todo momento, el problema, era que él estudiaba fuera de Santiago y al día siguiente debía volver a Concepción.

Todo el proceso de contarles a mis padres lo hice sola y muerta de miedo. Para mi sorpresa recibí el apoyo y el amor de ellos inmediatamente. Ahí recién pude respirar y sentí un poco de calor en mi corazón. Al parecer no todo era tan malo.

Todo lo que vino después fue como “acostumbrarme a que estaba embarazada”, debo reconocer que a veces lo olvidaba, porque claro, yo debía seguir yendo al colegio, hacia mis actividades cotidianas de adolescente. Mis compañeros y amigos aun no lo sabían lo que hacía que yo funcionara como “no embarazada” todo el tiempo. Ahí, con 4 meses de embarazo, colapsé. Lloré con mi mama y le pedí que me explicara que era lo que me estaba pasando, porque yo aún no era consciente de mi realidad. Mi madre me abrazó, lloramos juntas y me aconsejo que ya era hora de socializar la noticia (yo no había querido hacerlo antes). Ese momento fue clave, desde ahí conecté con mi embarazo, con mi hija y comencé a disfrutar el proceso.

Mi embarazo no estuvo exento de problemas. En el ámbito humano médico, recibí muchas críticas e incluso “retos” por parte de los profesionales de la salud, desde el control prenatal hasta el parto. Lo peor fue sentir que me lo merecía por haber sido tan irresponsable. Hoy, miro a mi adolescente interna, la abrazo y le pido perdón por haber resistido tanto.

En el ámbito obstétrico mi hija no crecía bien, me dieron infinitos probables diagnósticos, algunos terribles y otros no tanto, lo que generaba en mí y en mi entorno familiar una angustia constante.

El 19 de febrero de 1999 nace mi hija, sana y muy pequeña. Un parto rápido y acompañada por Claudio. Como no sabíamos lo que tenía, se la llevaron inmediatamente a examinarla, solo pude verla unos segundos y escuchar su llanto. Claudio no se separó de ella nunca, esa era su misión.

Ya en recuperación la recibo y me dicen que todo está bien que solo es pequeña de tamaño y que debía ser evaluada más grande. Recuerdo haber sentido tanta felicidad.

El primer día en el hospital nos quedamos solas, en esos años las visitas duraban solo 1 hora. Era verano, la tenía sobre mi pecho muy abrigada, sentía pánico de que algo le pasara y a la vez me preguntaba si sería capaz de hacerme cargo de esta pequeña, lloraba pensando que ella dependía absolutamente de mí. Por primera vez en toda esta historia se acerca una matrona, se sienta en la cama, me toma la mano y me dice, debemos desabrigarla un poco, ella es tu hija y tú podrás hacerlo. Eso me marcó para siempre.

Me enamoré de mi pequeña. Experimenté, siendo yo tan chica, el amor más profundo y genuino.

Críe con la ingenuidad de una adolescente, mi arma era amarla. Hoy, ella tiene 23 años y tenemos una relación basada en la confianza y respeto mutuo.

Vivir un embarazo adolescente, aun rodeada de mucho amor, no fue fácil. Quizás por eso tome la decisión de ser matrona.

Con Claudio seguimos juntos y tuvimos 3 hijos más.


Isabel Núñez Medrano tiene 42 años, es mamá de cuatro y matrona de profesión. La encuentras en Instagram como @isa.andrea.nm

 

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