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Maternidad en cuarentena: “Salgo de mi casa con el corazón apretado, por dejar a mi familia”

El día 16 de Marzo decidimos con mi marido que nuestra hija de 4 años, no asistiría al jardín. A las horas después, se suspendían las clases a nivel nacional. Sin duda fue la mejor medida, dada el alza de casos contagiados por Covid-19  que vinieron en  los meses siguientes.

Lo que no vimos venir, fue la modificación abrupta en la rutina diaria y la nueva dinámica familiar que se impondría; muchos pensamos, como trabajadora del área de la salud me incluyo, que esto sería máximo por tres meses, ya que al tener la experiencia de Italia y España, se tomarían las medidas necesarias para hacer frente a esta pandemia.

El toque de queda y las cuarentenas dinámicas, en el principio y el confinamiento completo después, nos han hecho cambiar las salidas al parque, por actividades dentro de casa, echar a volar nuestra imaginación para inventar mil juegos. Los hogares se han tenido que adaptar a las clases virtuales y al teletrabajo, y por supuesto al desorden de juguetes.

Los encuentros, celebraciones familiares y las visitas a los abuelos, se han tenido que postergar, aunque la tecnología nos permite mantener contacto con nuestros seres queridos, nada reemplaza ese abrazo o esa contención física.

Lo más difícil como madre, ha sido explicarle a mi hija, que la oficina del papá ahora está en el comedor, y que la mamá debe seguir trabajando por turnos. Ha sido complejo también el tema de que ella no puede salir, pero al ver niños por la ventana, la verdad muchas veces no se excusa inventar.

Hay días buenos, en los que agradezco poder estar con mi hija, jugar con ella, conversar, pero también hay días en los que el cansancio, el stress del encierro y la incertidumbre, me angustian.

“¿Mamá trabajas mañana?” Es la pregunta que debo responder todos los días. Cuando no tengo turno, mi corazón se calma, ya que durante el tiempo que me corresponde estar en casa por “cuarentena preventiva”, me detengo a mirar cuanto ha crecido mi hija, lo que puede hacer por si sola, leer muchos cuentos durante el día. La hora del baño es más relajada y el desayuno se puede atrasar.

Desde el principio como familia establecimos una rutina, pero también hemos tenido que ser  flexibles y ceder con cosas tan simples como comer chocolate, ver un poco más de televisión o ponerse el vestido veraniego favorito todos los días, con camiseta y pantys por el frío.

Creo que los niños han sido los más afectados con todo esto. No ir al colegio, no ver a sus amigos, no visitar a sus abuelos, celebrar el cumpleaños por zoom, han sido situaciones nuevas las que han vivido desde el estallido social de Octubre.

Me consuela el saber lo adaptables que son, ya que entienden que solo los adultos pueden salir a comprar con un permiso especial, que hay un virus terrible dando vuelta,  y que nos debemos cuidar. Las medidas preventivas las adoptaron  tan bien, que el lavado de manos y el cubrirse la boca con el antebrazo al toser ya está internalizado en ellos.

Este tiempo ha sido duro, como familia y como sociedad, muchos han perdido sus trabajos, y algunos han lamentado la pérdida de un cercano.

Cada lunes que comienza una semana de turno en mi trabajo, salgo de mi casa con el corazón apretado, por dejar a mi familia, por alterarle el día a día a mi hija.  Pero debo cumplir con mi deber, atender a otras personas que necesitan mejorar su estado de salud, sobre todo ahora donde muchos compañeros de trabajo se han contagiado.

Al llegar a casa, después de hacer todo el protocolo de desinfección que implementamos en casa, ese abrazo apretado me da tranquilidad, ya que mi hija ve que su madre ama lo que hace y que debe estar en la línea de atención de salud en esta pandemia.

 

Carolina Martínez Fernández

Odontóloga APS

Mamá de Ornella

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