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Mujer v/s mamá: la dicotomía entre el querer y el deber ser

Por Nicole Herrera

Hace aproximadamente un año mi esposo me dijo: -prepárate porque vamos a salir. ¿Solos? -le respondí asombrada, porque el reloj marcaba cerca de las 10 de la mañana-. Asintió y cargó la bicicleta en la camioneta. Me sentí de 17 años, con esa emoción que viene cuando el pololo te invita a dar una vuelta y sabes que será entretenido.

Llegamos a la costanera de una localidad cercana a nuestra ciudad. Se preparó para trotar y yo me subí a la bici. Recuerdo que no lo esperé para iniciar el recorrido. ¡¡Qué sensación más rica!! Hacían mil años que no andaba en bicicleta…y recordé que no lo hacía desde que mi hija mayor había nacido.

¿Por qué dejamos de hacer lo que nos gusta cuando llegan los hijos? ¿Por qué nos autocensuramos y creemos que sentirnos felices y tranquilos al estar solos o disfrutar de actividades que no contemplen a los niños, está mal? ¿Será que la maternidad viene arropada de frustraciones y seriedad?

Nuevamente volvemos a la respuesta respecto de los patrones que nos han impuesto y de las cosas que debemos soltar para avanzar en esta vida.

Precisamente de ello conversábamos con Elisa hace unas semanas atrás, ¿por qué nadie nos habla de los duelos? ¿De ese que llega cuando ya no te sientes radiante y hermosa con tu bebé en la panza?, ¿De aquel que aparece cuando ves tus senos caídos al término de la lactancia?, ¿De ese que viene cada noche cuando te das cuenta de que ya no eres completamente dueña de tu vida?

Y así como nadie habla del duelo, tampoco hablamos de esos sentimientos negativos que te invaden de cuando en vez y te hacen sentir culpable, porque la mamá siempre debe ser amorosa, porque siempre debe querer estar con sus hijos, porque en vez de salir de fiesta debe preferir dormirse temprano con los niños; porque después de llegar del trabajo, hacer las tareas, organizar las cosas para el próximo día y pensar en el almuerzo que se preparará en casa, debe tener ganas de jugar o leer un cuento.

Y para eso las mamás tenemos un súper poder…siempre podemos, porque debemos poder con todo, volviéndonos ajenas en nuestro propio cuerpo. ¿Qué pasa después? Los hijos vuelan, se van, y allí te quedas tú con ese cuerpo y esas emociones extrañas, que resulta que son tuyas pero de las que no fuiste consciente durante años y años.

No está mal. No está mal querer mandar todo a la punta del cerro, salir a caminar bajo la lluvia, salir a pasear en bicicleta. Naturalicemos el querer hacer las cosas por gusto y no por obligación. Que nuestros hijos entiendan que no los amamos menos por querer tener un espacio disponible sin ellos, que nuestros corazones y los suyos siempre permanecerán unidos pero que los cuerpos necesitan espacios individuales.

Enseñémosles a disfrutar sus individualidades y a comprender que “otros cuerpos” nos acompañan pero no nos pertenecen, ¿cuándo estaremos preparadas para ello? ¿Qué edad tendrán nuestros hijos cuando esta conciencia llegue? Quizás a los 13, a los 15 o a los 25, lo importante es hacerlo consciente cada día, para no asustarnos cuando debamos reencontrarnos con esas mujeres que fuimos antes de convertirnos en madres.


Nicole Fernanda Herrera Lobos es madre y periodista. Una de sus motivaciones para escribir es compartir experiencias que permitan a las mujeres, especialmente mamás, desarrollar juntas herramientas para criar en conciencia y deconstruir patrones.

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