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Rol del padre: mi columna en @latercera @biut

A lo largo de la historia el rol de padre ha ido cambiando y lo seguirá haciendo. A pesar de las distintas posturas que hemos leído estos días en torno al rol paterno, algo que tenemos que aceptar unánimemente es que dependiendo del contexto histórico y social el rol se re configura.

Los padres de hoy, son padres más informados de las necesidades de los niños, de las madres y de la familia. Por lo mismo, muchos han optado por acercarse y responder a las necesidades emocionales de la dinámica, dejando de lado ese rol proveedor que los caracterizaba en algunos casos y que tiene que ver con su rol mamífero, del comienzo de los tiempo seguramente, en los que tenía un rol proveedor y de cuidado hacia la madre y su cría. Permitiendo a la diada la tranquilidad que necesita para que el cachorro humano sobreviva bajo el cuidado de su madre.

Sin embargo, el rol del padre se ha flexibilizado, dejando atrás el solo rol proveedor y permitiendo que algunos dediquen su tiempo solamente a los quehaceres de la casa y el cuidado de niños mientras las mujeres trabajan, algo impensado en antaño.

Existen distintos perfiles de padre, necesidades de las familias y configuraciones. Estamos viviendo en un contexto en donde la familia también ha ido mutando y sus actores con ella. Sino recordemos a Nicolás, que el Domingo tendrá que saludar a dos miembros de su familia a la vez. Dentro de esta dinámica ¿qué se espera del padre? Cual es su rol, es lo que trataremos de determinar.

Emocionalmente existe esta fusión con la madre desde que nacemos, una fusión que es física y luego visceral, innata y mamífera. El instinto paterno opera distinto porque siente a la cría una vez que la ve y de la misma manera la reconoce como propia, la adopta como propia emocionalmente.

En ese momento se espera que el padre cuide a la diada madre/hijo, se haga cargo de las necesidades emocionales y los sostenga. A medida que pasa el tiempo, la relación comienza a ser directamente con el cachorro, antes medio siempre la madre, poco a poco aparece una relación directa que corta la diada madre e hijo, que actúa como ese tercero que es necesario que aparezca, se instaura el espacio para un otro. En palabras simples, la madre cede al padre ese espacio poco a poco y éste comienza cobrar relevancia emocional en la vida del bebé. Comienza a mirarlo como otro, comienza a sonreírle y a balbucear papá – a veces antes que mamá – generando ese amor profundo indisoluble.

El amor de padre existe, la relación con el padre nos ayuda a sentar bases segura de autoestima, nos enseña cosas nuevas de la vida porque ellos son distintos: juegan distinto, alimentan distinto, mudan distinto y cuidan distinto. Generándonos un dolor de cabeza muchas veces, sintiendo que son muy bruscos, que no limpian bien durante el baño que nosotras tenemos que estar en todo. Pero usando ese preciado discurso de diversidad que tanto nos une, sería importante consignar en estas fechas la importancia de esa diferencia. Un llamado noble a dejarlos ejercer distinto su rol, distinto al nuestro sin ser negligente por supuesto. A veces quisiéramos hacer todo nosotras, pero que valioso es cuando ellos entregan sensaciones distintas y positivas a los sentidos de nuestros hijos. Es maravilloso sentirse abrazado por dos personas que te aman incondicionalmente.

Los papás ya no son los malos de la película: saben que a los niños no se les castiga, saben que los gritos y el castigo físico no sirve, saben preparar mamaderas, saben ser respetuosos con las necesidades de sus hijos, saben que sus cachorros no son una extensión de sus deseos o frustraciones, saben que no es necesario sacarse 7.0 sino haber tenido una experiencia buena del proceso. Los papás de ahora no obligan a comer, porque saben que ser respetuosos con los ritmos biológicos de sus hijos los protege y les enseña a que nadie les debe obligar a hacer con su cuerpo algo que no quieren. Los padres de ahora respetan a las madres de sus hijos porque saben que de esa manera sus hijos también se sienten valiosos.

Estamos haciendo historia de la mano de esos padres revolucionados, que dejan de lado eso de jugar a no tener sentimientos y se involucran emocionalmente: ríen y lloran con sus niños, así como también cocinan, limpian, mudan y hacen lo que les nace; mostrándoles naturalidad y flexibilidad de roles; estos padres piden disculpas cuando se equivocan, cuentan cuentos y le hacen cariño a sus niños sin haber tenido un claro modelo de aquello. Nuestros padres estaban mucho más limitados. Feliz día a la nueva forma de paternar, feliz día a esos padres libres que disfrutan y vibran a diario.

 

*escrito para www.biut.cl el sitio femenino de @latercera

 

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