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Tolerancia a la frustración: enseñar a nuestros hijos a gestionar sus emociones

Entendemos como tolerancia a la frustración la capacidad de controlar las emociones cuando algo no resulta como uno quiere: el enfado, la tristeza, la angustia, quedan reprimidas y eliminadas, en muchos casos bajo un trabajo previo. ¿Pero qué pasa con los niños?

Para la Psicóloga Infantil, Varinia Signorelli la no tolerancia a la frustración “podemos identificarla ya que el niño, se enoja de una manera que entorpece el desarrollo de la actividad cotidiana o está muy afectado físicamente (se tira al suelo o le pega a algo) y le cuesta calmarse luego de enojarse o frustrarse”.

Esto es muy agotador tanto para el niño como para los propios padres ya que “a pesar que la rabia, el enojo es un sentimiento válido dentro del abanico de sensaciones del ser humano, es una sensación displacentera, y molesta. Acuérdate de tu sensación corporal de rabia. Se te aprieta la garganta o duele la guata, uno se nubla y quiere sacárselo del cuerpo” dice Varinia.

Y explica que lo anterior ocurre porque “el cortisol que aparece a nivel cerebral cuando tenemos estrés y la adrenalina que se pone en juego también te molesta y te lleva a la acción. Los niños quieren sacarse esa sensación rápido, pero no saben cómo calmarse y tampoco saben cuánto durará ese displacer, por eso reaccionan así. Nosotros los adultos hemos aprendido a aguantar y llamar a nuestras amigas para tomarnos un café o a nuestra familia para llorar después. Ellos no pueden hacer eso, porque no saben aún de qué disponen para calmarse”.

Tolerar la frustración es un logro neurológico

La psicóloga es enfática en aclarar que lo primero que debemos saber es que “la tolerancia a la frustración es un logro neurológico. Nadie nace con esa capacidad. Todos los niños entonces tienen poca tolerancia a qué algo les resulte distinto a cómo ellos quieren.”  

Pero ¿cuál es la edad en que los niños ya deberían saber manejar mejor sus emociones?

Signorelli asegura que a los seis años podríamos esperar que los niños manejen un nivel optimo de tolerancia a la frustración más o menos adaptativa, pero solo si se cumplen dos puntos ineludibles: “Si el niño ha madurado neurológicamente. Y si le han calmado muchas, pero muchas veces y así aprendió cómo es el tolerar.”

La experta en psicología infantil agrega que la única forma de enseñar a tolerar la frustración es calmando amorosamente y empáticamente. “Entendiendo qué es lo que lo altera, poniéndose en su lugar y conteniendo emocional y físicamente. Así, cuando hemos hecho eso muchas veces el niño aprenderá que esa sensación se va de su cuerpo y que ha sido calmado y más tarde, gracias a la madurez neurológica, será capaz de calmarse solo”, explica.

Tarea para los padres

Debemos entender que el manejo de las emociones también es un trabajo, no menor, que hoy deben hacer los padres, que probablemente crecieron con la antigua receta que consistía básicamente en  dejar llorar a los niños o encerrarlos en sus piezas hasta que se les pasara.

Lo anterior explicaría por qué nos cuesta tanto trabajo ayudar a nuestros hijos a manejar la tolerancia a la frustración, cuando muchas veces, ni nosotros mismos como adultos no somos capaces de tolerarla.

La especialista explica que aunque sea complicado para nosotros contener emocionalmente y escuchar con amor, mientras el niño chilla y patalea, es fundamental y una parte primordial para ayudar a nuestros niños a que tengan una adolescencia y una adultez más segura y más tolerante.

“Si sólo me retan, si me dejan llorar en el suelo solo, si me mandan a la pieza del castigo o al rincón, no aprenderé a metabolizar esa sensación y no aprenderé a calmarme sólo.”, explica. Y agrega que es importante entender que los niños siguen ejemplos.

“Debemos evitar pedirle a los niños lo que no podemos hacer nosotros, o lo que ellos ven como normal en nuestros actos. Si cada vez que me enojo y salgo de la casa y doy un portazo, le pego a la mesa o grito, es justamente lo que el niño hará cuando esté enojado”, comenta la Psicóloga.

Varinia Comenta que es un desafío para los adultos el saber educar frente a una situación de rabieta de los niños. “Es inevitable querer que el niño se calle y por lo mismo gritarle a él, pero de esta manera sólo lograrás que la próxima vez se calme en menos tiempo, con eso no estás ayudando a controlar emociones”.

Por lo tanto, para tener éxito en esto de enseñarle a los niños a tolerar su frustración, debemos tener claro que es algo que se enseña desde que somos pequeños, a través del ejemplo de los adultos, demostrando que somos capaces de mantener la calma frente a momentos de estrés.

Es un trabajo que nace de los padres hacia los hijos y donde debemos dejar de lado el anhelo de un hijo perfecto, sobreponernos a la situación y no enojarse con el niño y contenerlo. Aunque suene un trabajo complicado, solo hay que ponerlo en práctica y esperar los resultados.

Por: Equipo Super Madre

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