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¿Cómo hablar de la muerte con mi hijo?

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¿Cómo hablar de la muerte con mi hijo?

Por Andrea Ortiz

El hablar de la muerte nunca ha sido fácil, ni menos cuando se trata de niños. Recuerdo que la primera vez que me topé de frente a esta interrogante, fue cuando trabajaba en la Corporación del Niño Leucémico en Temuco “CONILE”…

Estaba en el patio y los niños se encontraban jugando, yo observaba y me tocan el delantal. Era Mario, a quien hoy recuerdo con cariño… Y me dijo tía… tía… ¿Yo me voy a morir?, … Quedé helada… me acomodé… me arrodillé…y le pregunté… ¿Qué te hace pensar en eso? Me miró y dijo… Todos mis amigos que han llegado junto a mí lo han hecho. Vuelve a preguntar ¿y cómo es el cielo? Nuevamente le digo ¿Cómo te lo imaginas tú? Esa experiencia tan especial, hizo que me formara en el acompañamiento con pacientes oncológicos, en procesos finales de vida y en duelo.

La muerte: un tabú

Actualmente el hablar de la muerte es y sigue siendo un tabú, pero ¿cómo hablamos de la muerte con nuestros hijos? ¿Quién desea hablar de la muerte a un hijo? Seguramente la respuesta es … nadie. Dado que, en nuestra calidad de adultos, en especial de padres y madres, queremos protegerlos de experiencias dolorosas y de la muerte de un ser querido. Queremos verlos felices, por lo tanto, nos faltan las palabras y el deseo para poder hacerlo.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que el niño a lo largo de toda su vida está siempre en constante contacto con la muerte y observa en nosotros cómo la vivenciamos.

De esta manera, ser capaz de comprender la muerte, de atravesar el duelo acompañado, poder llorar la muerte de un ser querido, y poder afrontarla en el momento que ocurre y después, hace que el niño crezca sin sentirse culpable, deprimido, enojado o asustado. Es por esto, que cuando ayudamos a nuestros hijos a curarse del dolor que produce el fallecimiento, les estamos entregando herramientas que habrán de servirles a lo largo de sus vidas.

Tenemos claro que nos cuesta abordar estos temas y reconocer que no es fácil hablar de la muerte, sobre todo por los procesos emocionales que se desencadenan tras la pérdida. Resulta más difícil hablarlo con los niños, pero, aunque nos cueste, no debemos apartar la mirada. La razón principal que es que, si los adultos no afrontamos con honestidad y valentía esta temática, los niños no sabrán cómo encajar la pérdida cuando tengan contacto con ella.

Pero consideremos lo siguiente, hoy en día lejos de ser sagrado, la muerte se vive como un hecho aislado que solo unos pocos osan penetrar. Hoy vivimos en un momento social en que la muerte se aísla, se oculta y en algunas ocasiones se vuelve antinatural, y la solemos disfrazar entre metáforas como “se ha ido de viaje, la hemos perdido, está dormido… El utilizar estas metáforas podría alimentar los miedos que tengan los niños a ser abandonados y crean ansiedad y confusión. Por ejemplo; si le señalamos que el abuelo “se ha ido a dormir”, podría hacer que tuvieran miedo al ir a acostarse por la noche.

Pero, ¿cómo puedo comunicar a mis hijos la muerte de un ser querido?

Uno de los elementos importantes, es hablarlo con dulzura y afecto, usando palabras sencillas y sinceras. Siéntense con ellos en algún lugar tranquilo, libre de interrupciones, abrácenlos y háblenles sobre la muerte. No debes tener miedo en utilizar la palabras “ha muerto” o “muerte”. Un ejemplo de ello, podría ser: “ Ha ocurrido algo muy, muy, muy triste. Mamá ha muerto. Ya no estará con nosotros, porque ha dejado de vivir. La queremos mucho, nos quería… la echaremos de menos…”. Lo esperable es que puedan explicarles con pocas palabras cómo ha muerto el ser querido.

Es por esto, que cuando hablamos con los niños nos damos cuenta de que entienden la muerte de una forma más natural que la de los adultos. No necesitan disfrazarla y cuando tienen ganas de preguntar o hablarla no pierden oportunidad.

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Uno de los puntos fundamentales es no mentir. Muchas veces lo hacemos con la finalidad de creer que los protegemos del sufrimiento, como si negándolo, mágicamente lo anulara.

¿Qué hacemos si nuestros hijos preguntan el “por qué”?

Indudablemente es una pregunta difícil de responder. Está bien plantear que no lo sabemos, podemos relacionarlo con lo que ocurre en la naturaleza, donde todos los seres de la tierra en algún momento pueden morir, que hay cosas que podemos controlar y otras no.

Debemos tener en claro y de acuerdo a algunos autores, que la comprensión de la muerte es un proceso que no se da de manera espontanea en función de la edad cronológica, ya que depende fundamentalmente del desarrollo evolutivo de los niños y de la madurez cognitiva. Por lo tanto, este desarrollo vendrá determinado por las habilidades cognitivas, sus experiencias, los factores socioculturales, las actitudes que tengan la familia y su capacidad de hablar abiertamente de ella.

La escritora estadounidense Dorothy Law Nolte Louise, lo expresaba así: “Los niños aprenden lo que viven. Si viven con miedo, lástima o vergüenza, aprenden a ser aprensivos, autocompadecerse o sentirse culpables. Si viven con aprobación y aceptación, aprenden a valorarse y a amar”.

Es por eso que cuando la familia comparte sus emociones, desarrollarán un sentimiento de proximidad y de interés mutuo. El decir, cuando me siento enojada, triste, confundida, es una manera positiva y sana de darles a conocer que es correcto que cualquiera pueda compartir sus emociones y nuestros hijos puedan sentirse cómodos para hablar de los que les pasa e incluso hablar de la muerte.

Y ¿cómo perciben los niños la muerte?

Debemos tener en cuenta que los niños perciben la muerte y reaccionan a ella de muy distintas maneras. Lo que dependerá de su personalidad, sensibilidad, la habilidad para enfrentarse a las situaciones, su nivel cognitivo y la capacidad del pensamiento abstracto.

Los niños muchas veces no suelen abordar de una manera directa la muerte ni la preocupación que les produce la muerte inminente de alguien cercano a ellos. No obstante, es posible que expresen su ansiedad de un modo temático. Por ejemplo, si su abuelo se encuentra enfermo de un cáncer, puede estar preocupado por su mascota que está envejeciendo, asociando que podría ocurrirle lo mismo. Por otra parte, algunos niños pequeños no comprenden la muerte, pero sigue despertándoles curiosidad y están ansiosos por aprender sobre ella, captando rápidamente los sentimientos y las emociones de sus padres. Saben cuando estos están ansiosos, tristes o preocupados, queriendo ser informados y tranquilizados.

Diferentes mensajes en diferentes edades

El autor Kroen (2002) en su libro Cómo ayudar a los niños afrontar la perdida de un ser querido, detalla las perspectivas y reacciones que tienen los niños ante la muerte dependiendo de las distintas edades y sugerencias para hablar con tus hijos dependiendo de la etapa del desarrollo.

  • Entre los 0 a 3 años

Muchos bebés tienen la capacidad de expresar miedo, rabia, amor, cólera y celos a los meses de edad. Pueden sentir los estados de ánimo y emociones de los demás. En esta etapa no hay un concepto de la muerte, solo conocimiento de la separación por la ausencia.

  • ¿Qué podemos hacer y decir?

Podemos ayudar respondiendo sus necesidades, dar afecto y estar atentos a conductas regresivas. Es importante mantener la rutina y los horarios de casa, el tiempo para jugar, contar cuentos, mantenerse cerca de los hijos y protegerlos de un excesivo contacto con rostros, voces, repetirles frases sencillas como “El abuelo ya no está” “Mamá ya no está aquí”, puede ayudarlos a comprender que ha ocurrido una perdida y que esta es la razón de los cambios en el hogar, etc.

  • Entre los 3 a 5 años

A medida que los niños van afrontando la escala del desarrollo, los conceptos y percepciones que albergan del mundo que los rodea experimentan grandes cambios. Los niños a esta edad tienden a ser egocéntricos, extremadamente curiosos y tienen una forma muy literal de interpretar el mundo que los rodea. Es importante poder considerar este hecho, en especial cuando queramos enseñar a nuestros hijos los conceptos de la vida y la muerte. Los niños en esta edad perciben la muerte como un estado temporal, en su mente, la persona muerta sigue comiendo, respirando y existiendo.

  • ¿Qué podemos hacer y decir?

Defíneles la muerte como el hecho de que el cuerpo se detiene del todo. Explícale que una persona o un animal que ha muerto no puede caminar, respirar o sentir nunca mas. Haz hincapié en la palabra “del todo”, para eliminar cualquier idea falsa sobre el estado de la muerte, lo que ayudará a los niños que pudieran estar confundidos a causa de alguna escena que hayan visto en la vida real, en la televisión, etc. A partir de las conversaciones familiares, anima a tus hijos a hacerte preguntas.

  • Entre los 6 a 9 años

Cuando los niños alcanzan estas edades, ya han hecho grandes avances en las áreas cognitivas y del desarrollo. Participan mucho más socialmente, tanto en la familia como en el mundo exterior. Conocen el papel que desempañan como miembros de la familia, estudiantes, como amigos y partes de un grupo. El concepto de muerte va estar centrado en lo que la familia cuente, podemos buscar contestar todas su preguntas de manera sencilla y simple.

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Entre los 7 a 9 años se dan cuenta, reconocen las causas, pueden ya tener conciencia de un registro familiar. Repiten lo que los padres dicen. Nuestra forma de actuar es reconocer lo que les pasa, permitirles que hablen y expresen sus sentimientos, no ocultar nuestros sentimientos y decir la verdad. Los niños entre los 6 a 9 años pueden entender al enfrentar la muerte de un ser querido: que la muerte es para siempre, que la gente que conozco puede morir y también puede pasarme a mí.

  • ¿Qué podemos hacer y decir?

Explícale las causas de la muerte de una forma sensible pero basada en los hechos, los niños de estas edades desean y necesitan saber cuál ha sido la causa de la muerte. También puedes relacionarla con las experiencias pasadas que hayan tenido estando en contacto con la naturaleza. Observa atentamente sus reacciones emocionales. En lugar de aconsejarlos, escúchalos, déjalos que hablen abiertamente en un lugar seguro.

  • Entre los 10 a 12 años

Los preadolescentes saben que la muerte es permanente. Pueden captar el significado de los rituales, comprender cómo ocurrió la defunción y entender el impacto que esta pérdida ejerce en ellos y en sus familias. Es posible que aún tengan algunas preguntas con relación a las creencias religiosas y culturales. Depende de cómo hayan sido educados, pueden hacer suyo el concepto religioso de los padres, podemos permitir que hablen de la muerte y sus implicancias. Algunos preadolescentes pueden negar que la muerte haya cambiado sus vidas e insistir en que “no sienten nada” o “no les importa” y mostrar después una cólera o incluso una conducta violenta.

  •  ¿Qué podemos hacer y decir?

Intenta estar disponible para pasar un rato tranquilo con cada uno de tus hijos preadolescentes. Ofréceles la oportunidad de expresar sus sentimientos, sin poner en peligro su ego, lo cual puede significar dejarlos solos con sus pensamientos, música u otras pertenencias del ser amado fallecido. Ofréceles después la oportunidad de conversar. A los preadolescentes que niegan la muerte del ser querido, ofréceles frases realistas sobre cómo la vida será distinta sin él, pero poniéndoles al mismo tiempo ejemplos de que la vida va a continuar como antes. No ignores o toleres una cólera excesiva, escenas desagradables o una conducta violenta. En caso que ocurra debemos pedir ayuda profesional.

  • Los adolescentes

Son capaces de pensar en abstracto, de razonar, y conocen sus características personales, cualidades y sus defectos. También tienen un sentido de sí mismos y del lugar que ocupan en la sociedad. La comprensión que tienen de la muerte es comparable a la de un adulto. Por un lado, como abrazan la vida plenamente y están convencidos de su inmortalidad y omnipotencia, les resulta difícil aceptar la muerte. Y por otro, el trauma de la muerte tiende a aumentar la agitación emocional que experimentan. Sus reacciones pueden variar ampliamente y cambiar, de pronto, del miedo a la cólera, al shock, a la culpabilidad, a la negación y a la regresión de pensar como un niño. Tanto los preadolescentes, como los adolescentes, luchan con el hecho de ser conscientes de su propia mortalidad.

  • ¿Qué podemos hacer y decir?

Si tu hijo adolescente te pregunta sobre las causas de la muerte, respóndele con franqueza. Háblale sobre como la muerte le afectará personalmente. Necesita saber que serás veraz con él y que puede confiar en ti. Si la muerte va a tener un importante efecto económico para la familia, también necesitará saberlo, aunque quizás deseas tratar los detalles con posterioridad. Ofrécele la oportunidad de participar en todas las ceremonias, rituales. Por otra parte, asegúrate de que le quede tiempo para ver a los amigos. Anímalo a mantener sus horarios regulares de comidas, sueño y de relaciones sociales tanto como le sea posible y volver a su programa normal tal pronto como pueda.

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Mantente alerta para advertir cualquier signo de depresión, un silencio excesivo, fatiga, retraimiento, cambio de conductas, alteraciones del apetito y del sueño, expresiones de desesperanza y falta de interés por sus actividades favoritas. No dudes en recurrir a la ayuda de un profesional cuando consideres necesario.

En conclusión, debemos tener en claro que la muerte es parte de nuestra vida, aunque muchas veces las familias no consideran importante hablarla antes de tener que afrontar una pérdida. Puede que a veces no resulte sencillo, ni saber cuándo y cómo hacerlo, aunque siempre será mas fácil elegir el momento en el que no hay una muerte inminente que tenga una repercusión emocional para la familia. El no explicar a los más niños que la muerte forma parte del ciclo vital, puede ocasionar que el niño adquiera ideas equivocadas que alimenten sus temores.

Libros

La literatura infantil también puede facilitar este dialogo acerca de la muerte, ya que los cuentos nos permiten adecuar al ritmo a la edad del niño, releer e interpretar, comunicar y aprender en un medio acompañado y contenido.

Algunos cuentos que podrían ayudarnos a hablar de la muerte:

  • El pato, la muerte y el tulipán de Wolf Erlbruch editorial Bárbara Fire Editora.
  • Así es la vida de Ana-Luisa Ramírez y Carmen Ramírez.
  • Nuestra abuelita Clara es enferma en casa. Y ahora ¿Qué? de María Paz Quintana- Isabel Margarita Valles.
  • ¿Y si morir fuera como convertirse en mariposa?  de Pinn Van Hest – Lisa Brandenburg

Referencias:

  • Alizade, A. (2012). Clínica con la muerte. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu.
  • Bayés, R. (2001). Psicología del sufrimiento y la muerte. Barcelona: Martinez de Roca.
  • Bayés, R. (2006). Afrontando la vida, esperando la muerte. Madrid: Alianza.
  • Kübler -Ross, E. (1975). Sobre la muerte y los moribundos. Barcelona: Gribaljo.
  • Lonetto, R. y Templer (1988). La ansiedad ante la muerte. Barcelona: Ancora.
  • Luxardo, N. (2011). Morir en Casa: El cuidado en el hogar en el final de la vida. Buenos Aires: Biblo

Andrea Ortiz Sanhueza es psicóloga especialista en Psicooncologia- Mg en Cuidados Paliativos-Mg © Counseling e Intervención en Duelo, Pérdida y Trauma. Tiene más de 18 años de experiencia profesional  en el acompañamiento de adultos-adolescentes y niños oncológicos. 

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