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Intervenciones asistidas con animales: los beneficios de incluirlos en las terapias o tratamientos infantiles

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Intervenciones asistidas con animales: los beneficios de incluirlos en las terapias o tratamientos infantiles

Las intervenciones asistidas con animales son un conjunto de intervenciones realizadas en ámbitos de diferente índole, en las que participa un animal, entre los cuales podemos encontrar caballos, delfines, cobayas, gatos y perros, entre otros.

Este tipo de intervenciones, son ideales para niños y niñas con baja motivación o discretos avances en sus tratamientos tradicionales. Los más recomendados y frecuentemente son:

Caballo: equilibrio, sensorial, hipotonía, etc.
Delfines: autismo, relajación, etc.
Cobayas o gatos: sensorial, motricidad fina, tiempos de espera, etc.

¿Cuáles son los tipos de intervenciones con animales que existen?

Dentro de las intervenciones asistidas con animales encontramos:

-Terapia asistida con animales (TAA):

Son realizadas por profesionales de la salud, formados en intervenciones asistidas con animales y que se desempeñan en el ámbito terapéutico, donde se busca el logro de los objetivos de la terapia correspondiente, la cual puede ser: médica, fonoaudiológica, psicológica, kinesiológica, dental, de terapia ocupacional, etc. Los objetivos deben ser concretos y evaluables, donde las sesiones se deben diseñar y planificar previamente, en conjunto con el guía del perro. Luego se debe realizar un seguimiento, registro y evaluación de los resultados, tanto del usuario como de la participación del animal.

-Educación asistida con animales (EAA):

Son realizadas por profesionales del ámbito educativo, los cuales buscan el cumplimiento de los objetivos pedagógicos, los cuales deben ser concretos y evaluables, y con un diseño de sesión previamente planificada en conjunto con el guía del animal. Se debe realizar seguimiento, registro y evaluación de los resultados del paciente y de la participación del animal.

-Actividades asistidas con animales (AAA):

Pueden ser realizadas por cualquier persona que esté formada en intervenciones asistidas con animales, por lo que no es necesario ser profesional de la salud o de educación, su estructura es flexible y son de carácter lúdico, no requiere de seguimiento, registro o evaluación de resultados ya que son actividades puntuales. Requiere la preparación y entrenamiento del animal que participará. Este tipo de actividades se pueden realizar en distintos contextos o lugares como, por ejemplo: residencias de niños, hospitales, salas de estimulación, jardines infantiles, escuelas de lenguaje, colegios, guarderías, etc. Es importante destacar, que el fin máximo de las actividades asistidas con animales, es la recreación del ambiente y de sus participantes.

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Terapias asistidas con perros en fonoaudiología

Muchas veces las mamás y los papás, tienen algunas preocupaciones respecto al perro. Me preguntan si existe algún riesgo de que el perro puede morder al niño, o qué pasa si el niño le pega, o bien, si existe riesgo de que le contagie alguna enfermedad.

Sin embargo, es importante aclarar que el perro que ingresa a la sesión fonoaudiológica no es un perro cualquiera, sino, un perro seleccionado desde cachorro, el cual debe aprobar dos test sobre comportamiento. Una vez aprobado estos test, se comienza el entrenamiento para convertirse en un perro de terapia.

El entrenamiento debe ser realizado por un entrenador certificado para ello, y dura como mínimo 1 año, aunque lo cierto es que el entrenamiento es constante y continuo, ya que va a depender del objetivo terapéutico, la habilidad que el perro debe realizar, y si éste no la tiene adquirida, se debe entrenar para lograrla.

Además, los perros saben reaccionar a los distintos estímulos, ya que parte de su entrenamiento es la socialización con éstos. Si algún niño lo golpea, el perro de terapia manifestará alguna molestia, la cual será leída por su guía, y éste se encargará del bienestar del animal, por lo que de ser necesario, retirará al perro del lugar.

Sumado a esto, antes de ingresar a la sesión terapéutica, el perro debe pasar por un proceso de limpieza por todo su cuerpo, además de tener su carnet de vacunas y antiparasitario al día.

Dentro de la sesión, el perro siempre estará acompañado de un guía, el cual se encargará de que el animal realice las actividades planificadas, mientras que uno se preocupa de su paciente.

¿Qué niños o niñas son candidatos a terapia asistida con perros?

Todo aquel que no presente alergia a su pelaje o secreciones (saliva), ni sea agresivo con el perro. Algunos niños les temen a los perros, en este caso, se puede trabajar el vínculo perro-niño con mayor detención y probar si funciona.

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¿En qué casos se recomienda este tipo de terapia?

En todos. Sin embargo, este tipo de terapia se prioriza en niños y niñas que se desmotivan fácilmente durante la terapia tradicional, que tienen altos porcentajes de inasistencias a las sesiones o que sus avances son muy lentos y discretos.

Muchas veces, este tipo de terapia se relaciona a niños y niñas autistas, pero la verdad es que cualquier niño o niña puede participar, por ejemplo: si tu hijo no habla, habla pero no se le entiende, tartamudea, tiene autismo, presenta hipoacusia o cualquier dificultad. En todos los casos es posible trabajar con el perro.

En lo personal, he realizado terapias de lenguaje y habla con la ayuda de mi coterapeuta canina, con excelentes resultados, en los cuales he visto grandes diferencias entre las sesiones con o sin perro.

Siempre recuerdo una sesión en particular, donde llegó un niño junto a su madre. Venía con un diagnóstico severo, pues tenía 5 años y no hablaba. La primera sesión la realice sin perro, fue un rotundo fracaso. El niño no quería mirarme, le mostré todos mis juguetes, pero él no quería estar ahí. Lloraba constantemente y mantuvo sus ojos cerrados gran parte de la sesión.

Para la siguiente sesión, planifique con la guía del perro una actividad simple, donde el objetivo era conectarnos con el niño. Ese día, llegó el niño con los ojos cerrados, siendo cargado por su madre. Cuando ingresó mi coterapeuta canina, su actitud cambió favorablemente, tanto así, que accedió a sentarse a mi lado solo y responder las preguntas que le iba haciendo. Me impacto mucho este cambio, pues me di cuenta que el niño hablaba y tenía un vocabulario acorde a su edad. Presentaba dificultades fonoaudiológicas, pero en ningún caso eran severas. La madre también estaba sorprendida, pues nunca había visto a su hijo interactuar de esa forma con ninguna persona.

Después de ese día, ambos me pedían que mi coterapeuta canina estuviera en todas las sesiones. El nivel motivacional del niño aumentó considerablemente. Esperaba durante toda la semana, el día que le tocaba ir a su sesión fonoaudiológica, y cuando llegaba, participaba activamente de todas las actividades propuestas por mí.

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Esta experiencia, sumada a muchas otras, me ha motivado a escribir esta columna. Sé que muchas de ustedes tienen hijos o hijas que asisten a distintos tipos de terapias, y quizás esta experiencia las motiven a buscar terapias diferentes, además de las tradicionales.

En la actualidad he podido trabajar los siguientes objetivos: aumentar vocabulario expresivo y comprensivo, vincularme rápidamente con mis pacientes independiente de su edad, aumentar la motivación en las sesiones, estructuración de oraciones, comprensión de órdenes sencillas y complejas, mejorar la comunicación e interacción social, atención sostenida y focalizada, memoria de trabajo, sonidos del habla, tartamudez, entre muchos otros.

Sin duda, la terapia asistida con perros ha sido una herramienta fundamental de apoyo a mi labor profesional, la que ha permitido llegar a más niños y obtener resultados más rápidos y consistentes en el tiempo.

Afortunadamente, desde el año 2019, formo parte de la Fundación Puertocan, la cual cuenta con 6 perros de terapia, 2 pug y 4 labradores. Tener la posibilidad de trabajar con perros diversos, me ha aportado favorablemente, ya que algunos realizan habilidades de cierto tipo, mientras que los otros realizan otro tipo de habilidades, además, sus personalidades, tamaños y pelaje son diferentes.

Esto me permite trabajar diversos objetivos terapéuticos. Por ejemplo: Rúcula es una labradora negra con una personalidad tranquila. Con ella puedo trabajar fácilmente actividades en el piso, pues se mantiene quieta en esa posición (“perro manta”). En cambio Lily, quien también es una labradora negra, tiene una personalidad más activa. Con ella puedo trabajar actividades que impliquen mayor movimiento o movilizar cosas de un lugar a otro. La elección del perro va a depender del objetivo terapéutico y del niño con el que se va a trabajar.

Si quieres obtener mayor información sobre el tema, puedes seguirnos en Facebook o Instagram “puertocan”, o en nuestra página web www.puertocan.com

Camila Aguilar Reyes

Fonoaudióloga infantojuvenil

Instagram: Flga.camiaguilar

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