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Odié estar embarazada, ¿entonces por qué lo extraño?

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Odié estar embarazada, ¿entonces por qué lo extraño?

Mientras espero en la fila del café, me fijo en las zapatillas de la mujer que está justo adelante mío. Son lindas – blancas y negras, Adidas quizá, con cordones rayados. Tiene alrededor de treinta años, usa calzas negras y un polerón grande con un moño desordenado, con ese look cool sin esfuerzo que yo quisiera lograr. Cuando se acerca al mostrador para hacer el pedido, se gira un poco y entonces me doy cuenta: está embarazada. Y siento una emoción de la cabeza a los pies, como si hubiera metido mi dedo en un enchufe. Incluso me dan ganas de llorar. Me compongo, pido mi café y voy a mi auto. Una vez dentro, me puedo reagrupar y procesar, pero todavía me confunden mis propios sentimientos.

Tengo 38 años y cuatro niñ@s maravillos@s y saludables. Tengo tanta suerte. Y aunque me siento culpable al admitir esto, debo hacerlo: odié estar embarazada. Y me siento incómoda incluso al decirlo, porque conozco a tantas personas que no tuvieron ese lujo. Entiendo que, para algunas mujeres, solo ver una barriga de embarazada es automáticamente motivo de lágrimas, por sus propios problemas de fertilidad o sus pérdidas. Y esas mujeres harían todo por estar embarazadas, a pesar de todas las cosas que me hacen a mí odiarlo tanto. Pero incluso así, a causa de la nausea que no me daba respiro, los temas de piso pélvico, el dolor de espalda y la irritabilidad realmente lo odio. Entonces, ¿por qué cuando veo a una persona embarazada siento una inmensa tristeza y celos?

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¿Es porque estoy destinada a tener un bebé más? O quizás mi mente está jugando conmigo. La historia revisionista en la forma más primaria, donde mi mente se olvida de la realidad de la situación, bloqueando mis recuerdos negativos para que solo las pataditas y el cariño que le hacía a través de la panza sean lo único que brille. Desde esta perspectiva, la alegría de las pataditas supera todo lo malo. Pero no estoy segura de poder confiar en que veo las cosas claramente, tampoco.

No recuerdo haber tenido esta reacción hasta los últimos dos años, alrededor de la época en que nació mi último bebé. Antes de eso, siempre supe que me quedaba por lo menos un embarazo todavía. Cuando veía a alguien embarazada, no me sentía como si estuviera mirando a alguien haciendo algo que yo nunca más haría. Creo que es ahí donde radica la tristeza.

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Porque a pesar de que la barriga me recuerda las náuseas, la acidez y el dolor de espalda – también me recuerda un tiempo en que yo estaba esperando la llegada de un nuevo bebé. Un tiempo en que había una felicidad incomparable a la vuelta de la esquina. Porque mientras muchas de mis amigas enfrentan depresión postparto, yo experimenté algo totalmente diferente. Por primera vez, en esos primeros meses con mis bebés, la intensa ansiedad con que he vivido toda la vida desaparece. Me siento cómoda, calmada y feliz. Me siento consolada por el apego de mis recién nacidos de la manera más intensa. Es un fenómeno que todavía no he experimentado en ningún otro escenario.

Entonces mientras muchas mujeres pueden hacer una pausa y reflexionar al ver a una embarazada, y sentirse muy emocionales por un momento, yo me quedo con sentimientos muy intensos mientras avanzo a la siguiente etapa. No es fácil, de hecho, parece terriblemente difícil en algunos momentos, pero creo que es tiempo de replantearme la narrativa.

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De ahora en adelante, cuando vea una barriga embarazada, intentaré enfocarme más en mi gratitud por las cuatro maravillosas experiencias que tengo, en lugar de sumirme en la tristeza de seguir adelante. Me recordaré las futuras felicidades en la maternidad e intentaré emocionarme por ellas. Y mientras dejo un poco de tiempo para que mis nuevas técnicas comiencen a funcionar, me daré la posibilidad de moverme entre sentimientos de tristeza y dolor. Porque a veces tienes que sentir las emociones – incluso cuando apesten y no hagan mucho sentido. Y creo que esta es una de esas veces.


Esta es una traducción de Supermadre, el texto original fue escrito por Samm Davidson (@sammbdavidson) para Scary Mommy y lo puedes encontrar acá.

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