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Salud mental escolar y bullying

Adolescentes

Salud mental escolar y bullying

Por Paula Bórquez

 En el ámbito de la niñez y adolescencia, se ha establecido que las enfermedades mentales aumentan alrededor de la edad de 14 años. Pero, además, los desórdenes mentales y de comportamiento durante la niñez y adolescencia llevan a mayores tasas de desórdenes mentales en la adultez. El esfuerzo por diagnosticar y tratar trastornos de salud mental en edades tempranas busca evitar todo tipo de problemas derivados, como puede ser el suicidio.

Por lo anterior, y gracias a diversa evidencia al respecto, es que resulta altamente efectiva la promoción de la salud mental en establecimientos educacionales, en términos de promover la salud mental. En nuestro país existe el programa de política pública “Habilidades para la Vida”, lanzado en 1998, el cual considera intervenciones universales que buscan promover el bienestar psicosocial de toda la comunidad educativa, llevar adelante investigación a través de la aplicación de instrumentos estandarizados, así como intervenciones preventivas –bajo la forma de talleres– en caso de identificarse conductas de riesgo.

También, el programa conduce intervenciones focalizadas en estudiantes que son identificados como de alto riesgo, es decir, que requieran tratamiento de salud mental propiamente tal. También es pertinente destacar que la pandemia por covid-19 ha acentuado mucho los problemas de salud mental –y también de convivencia escolar– que se venían presentando en la escuela chilena.

Bullying y cyberbullying

El acoso escolar y el ciberacoso, conocidos en su expresión inglesa como bullying y cyberbullying, actualmente son considerados problemas de salud pública y una seria amenaza para el desarrollo, el bienestar y la salud mental de los niños y adolescentes escolarizados. Numerosos estudios han demostrado que se asocian con el desajuste social y psicológico, aislamiento, baja autoestima, depresión, ansiedad, ira, ausentismo escolar, bajo rendimiento académico y suicidio, entre otros.

El avance tecnológico se ha convertido en parte de la vida de las personas, especialmente de jóvenes, quienes son nativos digitales. Las interacciones que ocurren en el mundo digital ya no pueden ser consideradas como no-reales, el espacio online, por ejemplo, las redes sociales, tiene, para este grupo de población -y, crecientemente, para otros- tanta o más importancia en la construcción de la propia identidad en relación con pares que las interacciones que suceden de manera presencial.

 Este hecho ha repercutido en que el bullying transmute del espacio físico al virtual, surgiendo así el ciberbullying, definido como el daño intencionado y repetido entre pares a través de elementos electrónicos como computadoras y celulares. En este fenómeno los roles de agresores y víctimas son ocupados por niñas, niños o jóvenes, usualmente compañeras/os de escuela y quienes se relacionan en la vida física. Estos roles pueden cambiar a menudo, pasando de víctima a acosador y viceversa.

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Diferencias

 El ciberbullying se diferencia del bullying por el medio por el cual ocurre el fenómeno. Sin embargo, comparten tres características elementales, a saber: es un acto de agresión, se repite en el tiempo y existe desequilibrio de poder entre sus involucradas/os

  • El ciberbullying puede llegar a una audiencia más extendida -el alcance del número de personas que pueden ver un hecho en la web son mayores a las que pueden presenciarlo de manera directa.
  • El agresor puede ser anónimo.
  • A menudo se caracteriza por la inacción de los testigos.
  • Los niveles de supervisión son menores.
  • Puede crear el temor de las víctimas de perder el acceso a internet.
  • Posee la capacidad de ser experimentado las 24 horas de los 7 días de la semana, puesto que la vía remota del medio permite a los agresores enviar mensajes, publicar comentarios desagradables en redes sociales o amenazar físicamente a la víctima en cualquier momento del día y en cualquier contexto, ya no se limita al espacio educativo.

“Moral disengagement”

De las características antes mencionadas, el anonimato del agresor y la inacción de los testigos, sumado a la falta de interacción cara a cara en el fenómeno, tienen como consecuencia el “moral disengagement” del agresor. Es decir, estos hechos reducen la empatía o remordimiento por parte de quien realiza las acciones negativas, favoreciendo la continuidad y/o intensificación de las agresiones.

 Dentro de las múltiples acciones que pueden realizan las y los agresores en contra de las víctimas, algunas de las más comunes son: publicar comentarios fotos, videos o propagar rumores perjudiciales o embarazosos; amenazar o acosar virtualmente; y crear páginas web o perfiles falsos con malas intenciones. En menor medida, también se ejerce la exclusión.

El ciberbullying es un comportamiento que provoca graves efectos, no sólo para las víctimas, sino también para los agresores y los observadores o testigos; las evidencias recientes apuntan a que estos efectos son más graves que los producidos por el acoso escolar presencial. Tanto para las víctimas como para los agresores, la experiencia del ciberbullying se relaciona con mayor probabilidad de desarrollar conductas suicidas . El acoso cara a cara y el ciberacoso ocurren juntos a menudo. Pero el ciberacoso deja una huella digital; es decir, un registro que puede servir de prueba para ayudar a detener el abuso.

Drayke Hardman

En febrero de este año conocimos a través de los medios de comunicación el caso de Drayke Hardman, la historia del niño de 12 años que se quitó la vida a causa del bullying, tras sufrir durante más de un año de acoso escolar, en Estadios Unidos. Sus padres hicieron pública la historia por medio de redes sociales con el objetivo de tomar conciencia y erradicar este tipo de prácticas.

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“¿Qué puede hacer que un niño de 12 años pierda tanta esperanza en su corazón como para atarse la capucha al cuello para quitarse la vida? Una palabra: BULLYING “, escribió su padre Andrew Hardman en Instagram.

La familia dijo que el acoso físico y emocional provenía principalmente de un compañero de clase y que habían estado en contacto con la escuela para buscar una solución al problema.

Aseguran que el niño que era el responsable del bullying fue suspendido temporalmente. Sin embargo, el acoso no se detuvo.

La exposición prolongada al ciberbullying en la víctima se traduce en un grave deterioro de su salud, bienestar, rendimiento escolar y relaciones sociales. En otras palabras, poseen mayores probabilidades de sufrir de autoestima baja, depresión, desmotivación para asistir a la escuela y abusar de alcohol y drogas.

De la misma forma, quienes son agresores en casos de bullying son frecuentemente agresores en casos de ciberbullying. El fenómeno también posee un importante sesgo de género, pues afecta con mayor frecuencia a mujeres (en todos los grupos etarios) y a personas de la comunidad LGBTIQ+.

Legislación chilena

Para el caso de Chile, según lo informado por el Ministerio de Educación (2018) el ciberacoso cuenta con un marco legal que aborda el bullying y el ciberbullying. En ese sentido, la Ley Nº 20.536 en su Artículo 16b sobre Violencia Escolar  define y sanciona toda acción u omisión constitutiva de agresión u hostigamiento reiterado, realizada fuera o dentro del establecimiento educacional por estudiantes que, en forma individual o colectiva, atenten en contra de otro estudiante, valiéndose para ello de una situación de superioridad o de indefensión del estudiante afectado, que provoque en este último, maltrato, humillación o fundado temor de verse expuesto a un mal de carácter grave, ya sea por medios tecnológicos o cualquier otro medio, tomando en cuenta su edad y condición .

Evidencia empírica nacional señala que en Chile la prevalencia de victimización por bullying es de 15,1%, 15,8% hombres y 13,9% mujeres, el principal tipo de bullying es el sexual (18,4%), seguido del físico (8,6%) y el psicológico (6,8%). Siendo la principal causa la apariencia física (32,3%), luego la nacionalidad, raza o color de piel (7,8%) y la religión (4,8%) (UNSECO, 2019).

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 ¿Cómo ayudar a un niño, niña o adolescente que sufre de bullying en línea?

Aunque desconectarse parece ser la solución más obvia, el primer paso debe ser reconocer al estudiante por su valor de reportar el acoso “Los niños tienen miedo de ser víctimas de acoso cibernético y también les atemoriza saber cómo reaccionaran los padres y maestros al saber este hecho. Tienen miedo de que les quiten el acceso a la tecnología”. Por este motivo, es importante que los tranquilicemos asegurándoles que no serán castigados por hacer este tipo de denuncias y que no se les retirarán sus dispositivos, más en esta época donde el internet y las redes son su una gran ventana de socialización con sus amigos y acceso a la educación.

En principio puedes reportar las conductas abusivas o inadecuadas en las mismas plataformas, Facebook, tik tok, Instagram, Twitter. Si crees que tu integridad física y psíquica están en peligro, comunícate con la unidad de cibercrimen de la PDI para efectuar la denuncia correspondiente, ya que es esta fuerza policial la que cuenta con el conocimiento y recursos especiales para poder guiarte y ayudarte. Recuerda que las conductas abusivas desplegadas pueden ser constitutivas de delitos especialmente sancionados por ley, tal como lo son las injurias (imputación de un delito determinado pero falso) y calumnias (toda expresión o acción ejecutada en deshonra, descrédito o menosprecio de otra persona), sancionadas en los artículos 412 y 416 del código penal o el bullying a través la ley 20.536.

Si decides efectuar la denuncia, asegúrate de hacer lo siguiente:

Guarda copias impresas o capturas de pantalla de los mensajes abusivos o violentos para documentarlos. Sé lo más específico que puedas acerca del motivo de tu preocupación y describe detalladamente los hechos. Proporciona todo el contexto posible con respecto a quiénes son o creas que podrían estar involucrados; por ejemplo, pruebas de comportamientos abusivos en otros sitios web o de otras personas. Proporciona toda la información posible con respecto a amenazas anteriores que pudieras haber recibido.


Paula Andrea Bórquez Torres es de Punta Arenas, Psicopedagoga, diplomada en el área social y comunitaria, Madre y Asesora de lactancia de Lactamed Chile. Trabaja actualmente en un programa de salud mental escolar, diplomada en crianza respetuosa y buenos tratos hacia la niñez. En Instagram la puedes encontrar como @pau.borquezt (Maternidad, crianza respetuosa y lactancia).

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