Comer la placenta después del parto no tiene beneficios demostrados. Las revisiones de la evidencia no encontraron pruebas de que prevenga la depresión posparto, aumente la leche o reponga el hierro, y los pocos ensayos con placebo que existen no mostraron diferencias. En cambio, sí hay riesgos: en 2016 un recién nacido en Estados Unidos tuvo una infección grave por estreptococo grupo B relacionada con las cápsulas de placenta que tomaba su madre, y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan evitarlas.

¿Qué es la placentofagia?
Placentofagia es el nombre que se le da a comer la placenta después del parto. Es habitual en casi todos los mamíferos, pero no forma parte de las tradiciones de ninguna cultura humana actual: se practica desde los años setenta en Estados Unidos y Europa, y en los últimos años se ha vuelto más visible.
Se come de varias formas: cruda en batidos, cocinada o, la más frecuente, deshidratada y molida dentro de cápsulas. Hay empresas que ofrecen el servicio de encapsular la placenta.
¿Qué beneficios se le atribuyen a comer la placenta?
Los argumentos que más se repiten son que previene la depresión posparto, aumenta la producción de leche, da energía, repone el hierro perdido en el parto y alivia el dolor. La idea de fondo es que la placenta tiene hormonas y nutrientes, y eso es cierto, pero tener una sustancia no significa que comerla produzca un efecto: falta saber cuánto queda después de prepararla y si el cuerpo la aprovecha.
¿Qué dice la evidencia científica sobre comer la placenta?
Una revisión de 2015 analizó 49 publicaciones y solo 10 cumplían criterios para ser evaluadas (4 en humanos y 6 en animales). Los estudios en humanos medían lo que las mujeres creían que les había servido, no un efecto real; los resultados en animales sobre el dolor nunca se probaron en personas, y lo relacionado con la leche y la recuperación del útero fue no concluyente.
Una revisión publicada en 2018 en el American Journal of Obstetrics and Gynecology llegó a una conclusión más directa: no hay evidencia científica de ningún beneficio clínico, y después de encapsularla no quedan nutrientes ni hormonas en cantidad suficiente como para ayudar a la madre.
Después vinieron los ensayos con placebo, que son la forma de saber si algo funciona de verdad:
| Supuesto beneficio | Qué encontraron los estudios |
|---|---|
| Prevenir la depresión posparto | Sin diferencias en ánimo, apego ni cansancio frente a placebo (ensayo piloto de 27 mujeres, 2018). En una cohorte de 6.038 mujeres, las que comieron su placenta tuvieron puntajes de depresión levemente más altos, no más bajos (2023). |
| Aumentar la leche | Sin diferencias en la prolactina (la hormona de la leche) ni en el aumento de peso de la guagua en las primeras 3 semanas (2019). |
| Reponer el hierro | Sin diferencias en hemoglobina ni ferritina frente a placebo; las cápsulas aportaban solo el 24% del hierro diario recomendado en la lactancia (2017). |
| Mejorar el ánimo y la energía en mujeres con antecedentes de depresión | Sin efecto en ánimo, energía ni necesidad de apoyo para la lactancia (cohorte, 2019). |
Son estudios pequeños, de modo que no permiten descartar del todo un efecto mínimo, pero ninguno encontró el beneficio que se promete. Para la depresión posparto y la leche hay alternativas que sí tienen respaldo, y si te preocupa tu producción, revisa cómo producir más leche materna. Algo parecido ocurre con otros “potenciadores” populares, como la levadura de cerveza en la lactancia.
¿Qué riesgos tiene comer la placenta?
El riesgo mejor documentado es la infección. En 2016, en Oregón, un recién nacido tuvo una infección de la sangre por estreptococo grupo B. Lo trataron, pero a los cinco días de terminar el tratamiento volvió a infectarse. La madre había dado negativo para estreptococo grupo B en el control de las 37 semanas, y tomaba cápsulas de su placenta tres veces al día desde el tercer día después del parto. De las cápsulas creció la misma bacteria que tenía la guagua.
La empresa deshidrataba la placenta a temperaturas de entre 46 y 71 °C, lo que no basta para eliminar bacterias, y no existe ningún estándar para procesar placentas para consumo. Por eso el CDC concluyó que la ingesta de cápsulas de placenta debe evitarse, y la revisión de 2018 recomienda a los médicos desaconsejarla de forma directa.
Otros temores que circulan tienen menos respaldo. La versión anterior de este artículo decía que los estrógenos de la placenta aumentarían el riesgo de embolia pulmonar: no hay estudios que lo demuestren, así que no corresponde afirmarlo. Y un estudio de 2017 sobre la composición de la placenta no detectó cadmio, arsénico ni mercurio, aunque sí cantidades importantes de colesterol, proteínas, hierro y selenio.
¿Se puede pedir la placenta después del parto en Chile?
Sí. Desde 2017 la Norma General Técnica N°189 del Ministerio de Salud regula la entrega de la placenta, que antes se trataba siempre como residuo. Se aplica en hospitales y clínicas, públicos y privados, y su objetivo es respetar las prácticas culturales que son importantes para la mujer (por ejemplo, ceremonias de pueblos originarios). La norma no recomienda comerla.
Los requisitos son estos:
- Pedirla de forma voluntaria y con anticipación, en el control prenatal o al ingresar a la maternidad, y firmar la solicitud.
- Comprometerse a usarla solo para prácticas culturales; la venta no está permitida.
- No tener diagnóstico de VIH, hepatitis B o hepatitis C.
- Que la placenta no requiera estudio de laboratorio después del parto (por ejemplo, si hay sospecha de una infección de las membranas, llamada corioamnionitis).
La placenta se entrega en doble bolsa, se mantiene refrigerada en el recinto y, por regla general, se retira al alta o a las 72 horas del parto. La norma pide no guardarla en el refrigerador junto con alimentos y no botarla a la basura común ni al alcantarillado.
Entonces, ¿comer o no comer la placenta?
La recomendación médica es no comerla, ni cruda, ni cocinada, ni en cápsulas. No hay beneficios demostrados y hay al menos un riesgo concreto para la guagua.
Pedir la placenta para un rito o una ceremonia familiar es un derecho en Chile, y es una decisión personal que se respeta. Si aun así decides consumirla, avísale a tu matrona y al pediatra, porque si tu guagua tiene fiebre o una infección en las primeras semanas, ese dato cambia la evaluación.
Si te interesa entender las distintas formas de nacer, revisa los tipos de parto.
Cuándo consultar
El estreptococo grupo B puede causar infecciones graves en el recién nacido. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, consulta de inmediato si tu guagua:
- No se alimenta bien o deja de mamar.
- Tiene convulsiones.
- Respira rápido (más de 60 respiraciones por minuto) o se le hunde el pecho al respirar.
- No se mueve espontáneamente.
- Tiene fiebre (más de 37,5 °C) o la temperatura baja (menos de 35,5 °C).
- Se pone amarilla en las primeras 24 horas de vida, o tiene las palmas y las plantas amarillas a cualquier edad.
Si consumiste tu placenta, dilo en la consulta: el CDC pide a los médicos preguntar por ese antecedente cuando un recién nacido tiene una infección por estreptococo grupo B tardía.
Ante una urgencia, ve al servicio de urgencia más cercano o llama a Salud Responde, 600 360 7777.
Preguntas frecuentes
¿Comer la placenta previene la depresión posparto?
No hay evidencia de que la prevenga. En un ensayo con placebo no hubo diferencias en el ánimo, y en una cohorte grande las mujeres que comieron su placenta tuvieron puntajes de depresión levemente más altos. Si sientes tristeza persistente, angustia o que no logras disfrutar nada después del parto, consulta.
¿Las cápsulas de placenta sirven para tener más leche?
No. En un ensayo con placebo, las cápsulas no cambiaron la prolactina ni el aumento de peso de la guagua. Si te preocupa tu producción de leche, consúltalo con tu matrona.
¿Cocinar o deshidratar la placenta elimina los riesgos?
No necesariamente. En el caso estudiado por el CDC, la placenta se había deshidratado a entre 46 y 71 °C y aun así tenía estreptococo grupo B. No existe un método estandarizado que asegure que la placenta quede libre de bacterias.
¿Me pueden negar la placenta en Chile?
Sí, en algunos casos: si tienes VIH, hepatitis B o hepatitis C, o si después del parto la placenta necesita estudio de laboratorio. También es necesario haberla pedido con anticipación y firmado la solicitud.
Fuentes
- Buser GL y cols. Notes from the Field: Late-Onset Infant Group B Streptococcus Infection Associated with Maternal Consumption of Capsules Containing Dehydrated Placenta. Oregon, 2016. MMWR, Centers for Disease Control and Prevention (CDC), 2017
- Coyle CW, Hulse KE, Wisner KL, Driscoll KE, Clark CT. Placentophagy: therapeutic miracle or myth? Archives of Women’s Mental Health, 2015
- Farr A, Chervenak FA, McCullough LB, Baergen RN, Grünebaum A. Human placentophagy: a review. American Journal of Obstetrics and Gynecology, 2018
- Young SM y cols. Placentophagy’s effects on mood, bonding, and fatigue: A pilot trial, part 2. Women and Birth, 2018
- Young SM y cols. Ingestion of Steamed and Dehydrated Placenta Capsules Does Not Affect Postpartum Plasma Prolactin Levels or Neonatal Weight Gain. Journal of Midwifery & Women’s Health, 2019
- Gryder LK y cols. Effects of Human Maternal Placentophagy on Maternal Postpartum Iron Status: A Randomized, Double-Blind, Placebo-Controlled Pilot Study. Journal of Midwifery & Women’s Health, 2017
- A Matched Cohort Study of Postpartum Placentophagy in Women With a History of Mood Disorders. Journal of Obstetrics and Gynaecology Canada, 2019
- Benyshek DC, Bovbjerg ML, Cheyney M. Comparison of placenta consumers’ and non-consumers’ postpartum depression screening results using EPDS in US community birth settings (n=6038). BMC Pregnancy and Childbirth, 2023
- Nutritional composition and heavy metal content of the human placenta. Placenta, 2017
- Norma General Técnica N°189 para la entrega de placenta. Ministerio de Salud de Chile, 2017
- WHO recommendations on maternal and newborn care for a positive postnatal experience. Organización Mundial de la Salud (OMS), 2022
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