El Complejo del doctor Banner: confesiones aspergerianas

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El corazón palpita con fuerza, una “extraña” energía fluye con una intensidad insospechada, el dolor ha alcanzado su punto de tolerancia, mientras en la mente la angustia se mezcla con el miedo, suplicando una ayuda que no ha llegado, un grito cuya voz solo el corazón entiende: “la carga es demasiado pesada, hay que botarla pero nadie me entiende, nadie me oye, si lo hago seré un monstruo o me dirán que es una pataleta, que me he transformado en el hombre verde de historietas, no verán lo que pasó, no verán porque duermo mal, porque lloro en silencio porque hablo tanto, no oyen lo que digo, no oyen lo que sufro, soy un monstruo cuando me enojo pero cuando ellos lo hacen…son personas comunes y corrientes”, no importa si en las noticias alguien provoca un desastre, es parte de cada día, “él es una persona yo si me enojo soy un monstruo”.
Parece terrible y se siente aún peor, la gente las llama rabietas, mi madre las llamaba pataletas, definición que odio profundamente, ya que para ella cualquier cosa que me hiciera enojar era una pataleta, y siendo honesto, no eran muchas las veces que se fijaba en el origen de estas, asociándolas con mi conducta aspergeriana (que para ella era una enfermedad) no consideraba que en numerosas ocasiones eran evitables, y había un motivo valido que iba mas allá de la inmadurez propia de la edad.
Esa fuerte incomprensión, el ser visto de una forma distinta, a la que uno sabe que no es la que describe el resto, una experiencia cuya intensidad llega a su punto culminante cuando se ve la reacción de otros ante la rabia, ninguna emoción o reacción es tan chocante como el ver a un ser querido asustado cuando te ve enojado, es ahí donde te sientes como el Doctor Banner, aunque como Hulk no se le haga daño a nadie, no se mate ni una mosca, te sientes avergonzado y desesperado; y al igual que el científico empiezas a buscar la maneras de no volver a enojarte, por supuesto después de echarle la culpa al resto.
El problema esencial es que aunque “el resto” tenga alguna culpa, es en esta conciencia de lo ocurrido que uno adquiere de las duras experiencias, surge la necesidad de aprender a dominarse uno mismo, comportarse de una determinada forma, acompañándola de una percepción más adecuada y practica de la realidad, para así sobrellevar las dificultades.

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Cuando era muy niño recuerdo haberme quedado atónito al ver el trailer de la adaptación del famoso libro de Frank Herbert: Dune, mientras todos los niños en esa época estaban fascinados con “El Regreso del Jedi”, Dune era algo mucho más realista, trágica y épica así que le pedí a mis padres que me dejaran ver la película en cuyos primeros minutos muestran como el joven personaje principal es sometido a una muy inteligente prueba, en la que una mujer le pone una aguja rozando la piel con un veneno para animales que se le inyectará si retira bruscamente su mano de una caja donde la ha puesto, dado que estaría manifestando una conducta animal, aunque no ve su mano, se le va diciendo que se le esta quemando y lo siente hasta que cuando no logra aguantar el dolor: grita, por lo cual le dicen que  saque la mano. Acá encuentra que no tienen ninguna herida.
Puede parecer una fantasía pero desafío a rascarse de una gran picazón a alguien que le están cortando el pelo, actuar de forma respetuosa en una claramente desagradable situación de transito, a no decir que se esta cansado cuando se trata de impresionar a alguien en una rutina de ejercicios o en una competencia. En otras palabras, la vida esta plagada de acontecimientos que nos obligan a tomar control de nosotros mismos, obteniendo logros que jamás imaginamos ni hubiéramos logrado en “situaciones normales”.

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Respecto a esto Martín Luther King Jr. dijo: “La medida máxima de un hombre no es qué postura adopta en momentos de comodidad y conveniencia, sino qué postura adopta en tiempos de desafío y controversia”, estos pequeños grandes hechos van forjando nuestro carácter, moldeando nuestras fortalezas, afianzando la personalidad.
Lo que Frank Herbert, planteaba y que es la base de muchas creencias, hablan de la imperativa necesidad de entrenar la voluntad, el dominio propio cuya base es el entendimiento de uno mismo y el respeto a la realidad, una búsqueda de un conocimiento práctico, que siendo aún más exacto, el buen libro relaciona directamente el ya mencionado con dominio propio, a su vez este con la paciencia y la paciencia con la piedad (2 Pedro 1:6). Es porque aunque es muy común ver tanto en el diario actuar como en las noticias la falta de control de las personas. Como aspergerianos somos vistos de manera especialmente distinta y es ahí donde se encuentra el problema y la oportunidad; pregúntense, a propósito del titulo de este artículo: ¿Por qué Hulk es un héroe y no un villano? Porque a pesar de su lado destructivo hay un sentido de lealtad, una extraña ternura y bondad que se revela en quienes se atreven a verlo tal cual es, y por cuanto es consciente del daño que puede hacer prefiere estar solo.
Mi padre me decía que no importaba lo que hiciera, ni a donde fuera, uno no puede huir de sus defectos hasta superarlos, agregando, en otras palabras, que aunque no quiera hacerle caso a los demás, si varias personas decían lo mismo es porque algo de razón debían tener.
Es importante, porque aunque no se trata de complacer al resto, nuestra esencia como personas implica que nuestra felicidad depende directa o indirectamente de una convivencia armoniosa con los demás; por eso el ser asperger no nos obliga a aislarnos del resto, ni a evitar el mundo, porque aunque quizás no seamos del mundo, como menciona el buen libro, sí tenemos una responsabilidad con nosotros mismos y con quienes nos rodean, por cuanto vivimos en el mundo. Debemos aprovechar, entonces, nuestras virtudes, venciendo nuestros defectos, ser tan buenos como podamos llegar a ser para reclamar el lugar que nos corresponde; sólo así venceremos el miedo y el dolor y ya no habrá un temible hombre verde esperando aparecer en los momentos de dificultad, sino un gran ser humano que sobreponiéndose al sufrimiento, transformará la pena y la incomprensión en un actuar honorable y ejemplar lleno de la alegria que tanto se necesita en estos tiempos.

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Juan Carlos Sánchez Emilfork.

*artículo difundido gracias al apoyo de Isabel López Turner, Psicóloga quien hace años anhelaba formar clubes donde los pacientes Asperger pudieran sentir refugio, para así salir al mundo con fortalezas. Hoy trabaja en esta área, formando clubes Asperger en Concepción junto a Juan Carlos.

Consulta: Colo Colo 379 Of. 2007 Concepción
Fono: 041 2252481
isabellopezturner@gmail.com

 

*sólo quiero agregar que el gran hombre verde siempre será un gran ser humano. (Varinia)

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