La teoría de la mente: ¿cuál es?

  
Ayer iba caminando, un papá le compró un barquillo a su hijo, él lo toma, le da una probadita y se le cae, automáticamente pienso: “qué pena, el pequeño venía tan feliz y se le cae y además tenía sus cachetitos rojos de calor y se le cae todo su helado!”.
¿Qué es eso que yo pensé y que fue tan rápido y casi automático?. Bueno, eso es: “La Teoría de la Mente”, es decir: Atribuir estados mentales no observables (creencias, deseos, o intenciones, etc) a nosotros mismos y a los demás interpretando así una conducta. Porque sí, yo estoy interpretando lo que le pasó al pequeño, nunca le pregunté.
Y bueno, esto lo hacemos los adultos, pero ¿nuestros niños y niñas lo realizan?. La respuesta es sí, pero a partir de los 4 o 4 años y medio. Donde el rol de nosotros como cuidadores es antes ir fomentándoles el entendimiento del mundo emocional, porque si comprendo lo que son las emociones en mí, puedo captar mejor e identificarlas así también en los otros.
Antes de eso, y del rango de entre los 2 y 3 años, los niños comprenden el mundo desde lo que ellos harían: Por ejemplo: Ayer Vicente jugaba y luego debía ir a la mesa a comer y a tomar su leche, su padre tiernamente le dice que tiene que lavarse las manos antes de llevar algo a su boca, Vicente tiene 3 años. La respuesta de él fue rabia, no podía entender cómo es que tenía que lavarse las manos antes de sentarse en su silla. Claramente no es lo que él habría hecho por tanto le cuesta comprender lo que su padre está haciendo. Es ahí cuando primero se le contiene (entregando calma) y luego se le explica.
Desde una mirada profesional, lo que tiende a suceder, es que cuando el pequeño comete un “error”, muchas veces no lo comprende, porque para él es lógico a esa edad, hacer lo que él hubiera hecho (desde su mundo: es decir, no lavarse las manos). El error que cometemos como adultos muchas veces, es ver a nuestros niños como personitas más grandes, que captan nuestras intenciones, diciendo frases como: “si él entiende, si es pillo, si cacha todo” o el famoso: “Está manipulando nomás”. Es ahí, en ese momento, cuando debemos colocar un freno, y pensar: Es un niño, su cerebrito se está formando y soy yo, su cuidador quien debe regular sus emociones y explicarle de a poco como son las relaciones humanas. Por lo demás, los chicos, toman modelos de la conducta, es decir: Si nosotros le señalamos a un preescolar: “No grites cuando te hablooo!!!” (vociferando), lo más probable es que alce la voz para relacionarse. (Por imitación).
Continuando con el ejemplo, sino le explico al pequeño, él seguirá llorando y gritando para no lavarse las manos, y seguirá sin entender que pasa. En instantes si es que se le llega a decir: “te vas a tu pieza para que te calmes”, él se irá, pero créame señor o señora(ita) lector/a que no a reflexionar, sólo se tranquilizará porque se agotará de llorar o porque encontró un objeto distractor como un juguete.
Una vez que llegan a consulta, y a la hora que se les pregunta acerca de qué pensaron cada vez que fueron enviados a su pieza, la respuesta cada vez es y ha sido: “No sé, mire las estrellas tía…no sé en realidad”.
Cuando logramos como guías y cuidadores, un buen desarrollo emocional, mejor progreso de la Teoría de la Mente podremos observar. Es decir, si conozco mis emociones, puedo entender mejor al otro.

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Isabel López Turner

Psicóloga Concepción 

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