Netflix: Razones por las que Breaking Bad se robó mi corazón
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Netflix: Razones por las que Breaking Bad se robó mi corazón

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Netflix: Razones por las que Breaking Bad se robó mi corazón

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Ganó el Globo de Oro, pero no por eso decidí verlo. Nació Jacinta y al cabo de dos meses mi marido me propuso verla. Dejamos durmiendo a la pequeña y nosotros comíamos quesos y picoteo que él mismo armaba (es adorable) y nos quedábamos mirando la serie y conversando. Con eso ya me entusiasmó, era nuestro espacio de regaloneo.

Repasábamos cada detalle de Breaking Bad y sufrimos con cada capítulo, lo único que queríamos era que llegara la noche, preparar el picoteo y ver la serie, no importaba si era día hábil o fin de semana, lo pasamos increíble. Siempre, pero Breaking Bad era un gran pretexto.

Esta serie nos sorprendió, emocionó, dio risa y rabia, nos hizo sentir frustrados y felices, anonadados y expectantes, felices y angustiados. Una mezcla de sentimientos. Creo que dejó una huella imposible de borrar y muy difícil de superar. Un programa imperdible por estas razones y que nos deja un poco viudos tras el final.

¿Por qué ver Breaking Bad?

Bryan Cranston

En la historia de la televisión, ningún personaje ha cambiado tanto como Walter White. Su transformación de profesor inteligente a criminal despiadado y sin escrúpulos es fascinante. Del profesor de química en calzoncillos en el desierto pasamos al ‘cocinero’ de metanfetamina con su barba estilo candado y su gorra negra, el temido Heisenberg.

Una trama inverosímil a priori, pero justificada para mantenerla a lo largo de las temporadas. Mientras se acerca el final, uno como espectador tiene sentimientos encontrados: admirarlo o despreciarlo, comprenderlo o criticarlo, llamarlo genio o miserable, amarlo u odiarlo o hacer y pensar todo lo anterior. Pasé por todos los sentimientos, aunque la mayoría de las veces me dio rabia.

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Personajes Maravillosos

Heisenberg está secundado por otros personajes cuyas características y caracterización los hacen ser determinantes, pintorescos y atractivos en el desarrollo de la historia. Ahí están los magistrales Jesse Pinkman (Aaron Paul); Hank Schrader (Dean Norris); Skyler White (Anna Gunn); Gustavo Fring (Giancarlo Esposito); Saul Goodman (Bob Odenkirk, a que verlo en la próxima “Better Call Saul” será gratificante), y Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks). Cada uno con diálogos y escenas memorables. Y no olvidemos a Tuco, Flynn, Marie y Steven Gomez. Y los gemelos del cartel y el tío de Tuco. Con tan buenos personajes, imposible no pegarse a la pantalla.

Mi favorito es Jesse Pinkman, desde mi punto de vista se ve como un niño abandonado emocionalmente por una familia acomodada se convierte en drogadicto y luego en un blanco de la manipulación de Walter. porque eso es lo que pasa, me daba demasiada pena porque siempre fue manipulado por él desde el primer capítulo hasta el último. Jesse Pinkman era presa para Walter porque lo veía como un padre, como la única persona que lo valoró en la vida y que le dio un sentido a la misma. Por la misma razón llegó a odiarle, para Jesse Pinkman Walter era su padre y lo movían sentimientos ambivalentes hacia él por el propio sentimiento de rabia hacia su progenitor colmado de la realidad que le generaba sospecha.

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Suspenso

No sobra ningún capítulo, todo conduce a todo.  Ver “Breaking Bad” es una adicción. El factor sorpresa está presente en cada capítulo, y cada uno te deja pidiendo más, muchas veces partimos a las 22.00 y terminamos a las 2.00 am. Siempre queda algún cabo suelto por resolver, siempre hay algún elemento latente que potencialmente puede llevar al desastre, al día siguiente comentábamos lo que podía suceder en el capítulo siguiente. Los flashforwards y las vueltas al pasado juegan roles determinantes. El hecho de que los personajes sean llevados al límite hace que uno sienta que en cualquier momento se quebrarán o enloquecerán. Una locura, una presión psicológica que la hace adictiva.

Música y cine

Escuchar “Breaking Bad” también es un placer en sí mismo. Canciones como “Baby Blue” , “Rocket Scientist” de Teddy Bears, “It’s such a good night” de Charlie Steinmann, “Bonfire” de Knife Party, incluso música chilena (Anita Tijoux), fueron perfectas para sus respectivas escenas. Todo ello con un manejo de la fotografía impresionante. El aspecto visual de la serie es tomado muy en serio, tanto para las detalles como cuando se cocina la metanfetamina o para la sangre en los asesinatos, además de  los ‘time lapses’. Me encanta tengas que poner atención desde el principio del capítulo, como si fuesen pequeños cortos magistrales, y muchas veces solo conceptuales.

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Final impecable

Una historia no es redonda si el final no es perfecto. Y este lo fue. La expectativa por el último capítulo hacía temer un desenlace poco satisfactorio. Walter podía haber escapado, como ya lo había hecho, y no volver nunca; rehacer su vida lejos de su familia, pero enviarles dinero; regresar para vengar a su cuñado Hank y luego borrarse del mapa; cocinar desde la clandestinidad; etc. Pero su muerte fue lo más triste y hermoso para esta serie, un final shakesperiano en el que todos quedaban muertos, salvo mi favorito que merecía liberarse de una vida tortuosa. Sin duda lo perseguiría lo ocurrido pero volvería a empezar. Walter White murió en su ley: murió salvando a su familia y eliminando a sus enemigos, murió como Heisenberg. ¡Y qué canción lo acompañó en ese cierre!

Ahora soy una viuda de Breaking Bad y me ayuda a pasar la pena Better Call Saul, la precuela de uno de sus más bizarros personajes. En eso estamos <3

 

Vari

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