Ni una menos: Mundo padres
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Ni una menos: Mundo padres


La semana pasada las mujeres nos visibilizamos, nos movilizamos luego de leer seguidamente en el diario que nos estaban matando. Nos están matando como siempre lo han hecho, la mayoría lloramos con las noticias pero no nos quedamos ahí, no quisimos ser solo lamentos. Algo pasó la semana pasada que nos unimos y quisimos gritar #NIUNAMENOS , algo nos movilizó en el alma.
Acabo de responder con ira : “ESTUPIDO” a un piropo que me dijeron en la calle. Tengo puesta una pollera (y bien corta) pero no me siento culpable. Por primera vez no me siento culpable. 

Estoy inscrita, como muchas de nosotras, en el discurso materno de “siéntate como señorita”, “no te vistas así que andas provocando”, “eso te queda apretado, te queda corto”. Aprendí a tenerle miedo a los hombres extraños y a caminar rápido y se lo hago sola por la noche.

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En verdad sirve y empodera esto de haber visto a tantas mujeres marchar el miércoles, de verdad que sí. Después de verlas a todas juntas, de enterarme de la movilización en otros países también, me siento más capaz de exigir respeto. Les doy las gracias a todas por eso.

Cada vez que no aceptamos que nos pasen a llevar, que nos acosen, que nos maltraten, nuestras hijas nos miran silenciosas. Nos miran silenciosas y aprenden a quererse. La autoestima de las niñas depende de nosotras, sus madres, y no depende de decirles que son lindas, no depende de llamarlas princesas o Jedi… Depende de cuánto nos queramos, de cuánto nos cuidemos a nosotras mismas.
Cada vez que exiges respeto e igualdad, recuerda que al hacerlo tu hija lo exigirá.

Hay cosas que no me gustaría que mis hijas supieran, sin embargo se las cuento para protegerlas, se las digo para que sepan oler y pidan ayuda pronto, para que se alejen cuando se sientan levemente vulneradas. Para que sigan su instinto sin miedo.

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No es desconfianza no, es supervivencia de la especia: supervivencia de la especie femenina; una que siempre ha sido suceptible de ser violada, ultrajada y asesinada.

Los niños quedan vulnerables a una sociedad que los daña cuando no les explicamos, los daña y pone en peligro cuando no les nombramos lo que pasa. Los niños quedan en bandeja al abuso porque les enseñamos a callar, a “hacer caso”, a obedecer, a “agachar el moño” , a dejar sus deseos de lado cuando un adulto les ordena. Lo disfrazamos de límites, pero en el fondo los anestesia y convierte en blancos perfectos. El adultoscentrismo vulnera a los niños y a las niñas, además de no permitirnos mirarlos tal cual son y percibir sus necesidades. 

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NO MÁS NIÑAS ANESTESIADAS.

Enséñale a gritar cuando algo no les gusta, aunque te griten a ti algunas veces. Enséñales a enojarse y a no hacer caso, aunque no te hagan caso a veces. Enséñales a cuestionarse, aunque te cuestionen a ti a veces, enséñales a no hacer lo que les dicen si su cuerpo y sus convicciones no quieren hacerlo, no importa frente a quienes estés. Dales permiso para “portarse mal” (así se llama, en el mundo adulto, cuando no hacen caso)

Enséñales a decidir por ellas mismas y confía en lo que su cuerpo decide, incluso si decide no comerse la sopa que con tanto amor le hiciste)

Respeta a tus hijas, así ellas se respetarán y te respetarán a ti también (y a todos)

Texto escrito para Nueva Mujer Publimetro    

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