Un hijo no debe morir: Qué nos pasa cuando un hijo muere.
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Un hijo no debe morir: Qué nos pasa cuando un hijo muere.

Psicología

Un hijo no debe morir: Qué nos pasa cuando un hijo muere.

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La sola posibilidad nos eriza la piel. Porque es la piel la que duele cuando perdemos un hijo.

La muerte de un hijo es “antinatural” se dice contra la cadena vital. Sin embargo, la muerte es la única certeza que tiene el ser humano. La única posibilidad que nos da con seguridad el hecho de vivir es que alguna vez moriremos. Aunque es así, nos olemos a través d ellos días jugando a que somos inmortales, apostamos a anular el paso del tiempo, buscamos que no se noten los años y nos aterra la idea d ella propia muerte tanto o más que la de nuestros seres queridos. La muerte es vista como un final negro, como oscuridad y tristeza (lo señalo porque para algunos credos la muerte es posibilidad y es celebrada como un nacimiento)

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¿Es posible superar la muerte de un hijo?

Debe ser una de las situaciones más difíciles de afrontar. De superar. Finalmente la vida cambia absolutamente y es casi imposible mirar las cosas como las mirabas antes. ¿Por qué? No sólo porque es anti natural, la relación que generamos con nuestros hijos es de fusión absoluto: parte de nuestro cuerpo y parte de nuestra área emocional. Somos un todo emocional además de ser nuestra absoluta responsabilidad.

Ante el fallecimiento de un hijo se moviliza todo entonces: la culpa, la rabia, la pena. No es superable. Puede ser que se busquen respuestas y nos acerquemos a buscar respuestas del orden espiritual, lo cual ayuda bastante.

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Dar el espacio de expresión de la pena es esencial, entender que cada uno vive el duelo de amera distinta dentro d ella pareja, hablar con la verdad a los demás hermanos y permitirles despedir al niño fallecido junto a los familiares, ayudar a otros y hacerse parte de grupos de personas que han pasado por los mismo ayuda.

El llamado es a no juzgar a permitirle a cada uno hacer lo que necesite: guardar pertenencias por el tiempo que sea, hablar del hijo fallecido lo que sea necesario. respetemos el dolor y compartámoslo con nuestros seres queridos.

No se supera, duele siempre y vivir sufriente en una sociedad que busca negar lo que abruma, callar lo que llora y borrar lo doloroso, es tremendamente arrollador. Es por eso que la red de apoyo amable y genuina cobra un valor fundamental.

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Envío un abrazo calentito a aquellas familias que sufren por esta razón, mi abrazo y solidaridad absoluta.

 Varinia Signorelli C.

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