No le enseñes a compartir a tus hijos

Los niños deben compartir sólo si ellos mismos quieren hacerlo.

Nacemos con el chip que nos dice que debemos compartir, nos cantan canciones para incorporar el valor de dar a otros lo que nosotros queremos y los adultos quedan muy felices cuando somos capaces de entregarle a otro ser humano, niño, el juguete que tanto amamos.

¿Los niños deben compartir sus juguetes?

Seguramente por lo mismo nos parece lógico enseñarle a nuestros pequeños los mismo que nos enseñaron a nosotros, ni siquiera tenemos que inventar canciones porque las aprendimos de nuestros padres, así también cuentos y fábulas.

Hablando en serio, cuando los niños entran al jardín infantil uno espera que sean capaces de ingresar a un grupo, de tener dinámicas que fortalezcan los lazos entre ellos y que tengan amigos para jugar. Ese debería ser el objetivo. Y muchas veces para cumplir el objetivo se intenta enseñar a los niños a compartir.

Este articulo no quiere sentar las bases del egoísmo o, solamente pensar en sí la manera de enseñar a compartir, que usamos con los niños, es la adecuada.

Basicamente el compartir es accesorio, no deberíamos centrarnos en compartir como lo único importante a enseñar. 

Da la impresión que presionarlos a compartir y hacer hincapié en este fin no está generando que los niños aprendan lo que es realmente importante.

Pero esto no se me ocurrió a mí, lo dice Laura Markham en su libro: “Padre tranquilo, hermanos felices” que luego de leerlo me hace mucha lógica. Acá, Laura dice que todos queremos que nuestros hijos sean generosos y empáticos.

Sin embargo, en los primeros años nuestros niños deberían aprender a a ser capaces de cubrir sus propias necesidades primero, y que una de ellas es jugar en grupo, pero no la única. En el fondo: que los niños, al obligarlos a compartir, quedan con la sensación, que deben dejar de hacer algo placentero para ellos, solo porque otro viene a pedírselo.

Desde esa lógica, si les obligamos a compartir generamos una relación con sus objetos, queridos o favoritos, ansiosa. Ya que estarán pendientes de jugar o usarlo rápido antes que el adulto obligue a compartir, por otro lado ponemos énfasis en la importancia del objeto.

Los niños tenderán a esconder o defender lo que les pertenece y les gusta.

Por otro lado, aprenderán que el adulto decide quién tiene el objeto (muchas veces condicionado por quién llora más fuerte), además genera competencia entre los pequeños en vez de colaboración.

En términos de autoestima haría que, de alguna manera, los niños sientan que son egoístas y que cuando logran quedarse con algo han ganado, poniéndose en juego la competencia.

¿Entonces cómo hacerlo?

Deberíamos ayudar a gestionar situaciones y resolver conflictos, con el fin que se den cuenta que hay otro niño esperando un turno, logrando mayor empatía. De la misma manera, si otro niño tiene el juguete que nuestro hijo quiere, le estamos enseñando a ser paciente, a controlar sus impulsos y tal vez, usar la comunicación para conseguir el objeto. “juguemos juntos”, “te lo cambio por mi pelota” etc.

Tendrá que usar su creatividad para jugar con otro juguete y no con el que quería originalmente.

Finalmente, esta teoría señala que de esta manera los niños jugarán libremente, sin preocupaciones y colaborando con el otro.

Para lograr generosidad los niños deben antes haber sentido que son dueños de su tiempo y que tienen algo para dar. Desde esta lógica cada niño decide cuánto tiempo usará el objeto para disfrutar de jugar tranquilo y luego decidirá dárselo a otro niño.

Los padres deberíamos decir: “Juega con el juguete, cuando termines se lo prestas a tu hermano” De esta manera nuestros hijos se sentirán felices de entregar algo que les hizo sentir bien. Lo cual va a reforzar que se repita la acción. Nuestro hijo se sentirá generoso.

El que recibe el juguete aprenderá cómo es que se hace esto de compartir y lo realizará con otros niños. ¿Lógico no?

Lo que queremos es que en el futuro nuestros hijos sean capaces de resolver conflictos. Luego de esta lección de paciencia y empatía seguro tendrá más herramientas para solucionar los problemas de la vida adulta que son mucho más complicadas.

No debemos olvidar que en este tema y otros, somos ejemplos de los niños. Ellos nos miraba, los niños nos miran todo el tiempo, toda su vida, nos conocen y somos su base en pauta de acción. Por lo tanto, si queremos fortalecer una conducta en ellos debemos partir haciéndola nosotros. Es la clave no caer en contradicción, si les pides que compartan entonces también debes compartir con alegría.

¿Lo ponemos en práctica?

 

Varinia Signorelli.

*Foto Taller Nikkiwood en Peekaaboo Stay & Play Café

 

Equipo Supermadre

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