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Mamá tengo miedo: los niños y los miedos

Psicología

Mamá tengo miedo: los niños y los miedos

Una de las situaciones que más nos preocupan como mamá es cuando no sabemos qué hacer ante los miedos de nuestros niños, esos pequeños temores que los acongoja y que muchas veces son impensables para la lógica de los adultos.

Habitualmente los niños tienen miedo ante situaciones extrañas o peligrosas, esto es normal. Los mecanismos psicológicos por los que operan los procesos de desarrollo del niño, suelen ser en ocasiones frágiles debido a las características del ambiente en que se desenvuelve, y resulta bastante lógico que aprendan a tener miedo. Aprenden porque están expuestos a la televisión, a conversaciones de adulto a veces y pueden adquirir lazos erróneos entre situación y miedo. Adquiriendo algunos de ellos sin necesariamente haberlos sentido. Así es que, por medio de la imitación heredan miedo o adquieren otros.

Aparece un problema cuando las reacciones frente al miedo, las sensaciones internas interfieren su vida diaria. De alguna manera le impiden ser feliz con la familia, con amigos o en la casa. Debemos pedir ayuda cuando no podemos contenerlos y los vemos afectados.

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El miedo se considera normal desde el punto de vista de necesidad de protección del individuo ante la presencia de estímulos que lo amenacen, frente al peligro por ejemplo. Hasta este punto es bueno y adecuado mantener una actitud de miedo razonable ante situaciones amenazantes ya que nos ayuda a ser precavido, nos obliga a evitar el estimulo peligroso y alejarnos. El problema se plantea cuando el niño reacciona de un modo ilógico frente a un estímulo cuya amenaza objetiva no es tal.

¿Cómo reaccionan los niños al miedo?

Con una alteración fisiológica.  La reacción del niño ante el miedo es de preocupación, irritación y un estado de ansiedad muy elevado, pudiendo aparecer síntomas orgánicos y cognitivos.

Evolución de  los miedos infantiles

Algunos miedos suelen desaparecer al cabo de poco tiempo si son adecuadamente abordados, otros, persisten durante mucho tiempo. En los niños, los miedos básicos (Por ejemplo el de separación de la madre o el padre, de ver personas desconocidas, a la oscuridad, a la muerte, etc.) suelen desaparecer mientras evoluciona su desarrollo, son miedos evolutivos, por lo tanto normales. Sin embargo, los miedos que se han aprendido son de más difícil desaparición.

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El ambiente familiar es el primer modelo que suele imitarse y por tanto, aprenderse. Las causas que originan el miedo pueden ser muchas, pero debemos preocuparnos especialmente de cómo nos comportamos los padres y cuál es el ambiente que rodea al niño porque, es probable que el origen de sus miedos se encuentre ahí.

 

No es recomendable:

Dar regalos cuando ocurre una conducta de miedo, con el fin de extinguiría: se asocia su comportamiento con la consecuencia.

El intentar convencerle que no existe ningún peligro ni debe tener ningún miedo tampoco resulta muy efectivo. Es un tema emocional más que racional, por lo tanto es importante contener.

Amenazar al niño o infundirle  miedo (hacia animales o lugares) para que deje de hacer algo. Este tipo de comportamiento puede traer nefastos resultados sobre la conducta.

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Obligarle a acercarse a la situación de miedo de modo para que se dé cuenta por él mismo de lo inocuo e inofensivo del objeto o situación en sí temida.

Castigar al niño por tener miedo y tampoco debe observar nunca a los padres en sus conductas de miedo, porque esto conduce a elevar el suyo.

 

Actitudes que se deben tomar y que resultan positivas:

Son efectivas las historias o cuentos donde el personaje supere la situación de miedo poco a poco y llegue a no temerla.

Proporcionar durante la presencia del objeto o situación de miedo cualquier actividad que lo relaje (oír música, oír un cuento, recordarle que no pasa nada malo), mientras está ocurriendo la situación de miedo.

El clima de confianza y tranquilidad existente en el núcleo familiar es un factor preventivo para que el niño pueda controlar pequeños miedos.

 

Equipo Supermadre

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