Soy mamá adoptiva: La travesía de adoptar en Chile
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Soy mamá adoptiva: La travesía de adoptar en Chile

Planificación familiar

Soy mamá adoptiva: La travesía de adoptar en Chile

Tuve que recorrer un largo camino para ser madre, hasta que lo logré. Soy mamá adoptiva, y quienes podrían preguntarse si tiene o no alguna diferencia con ser madre biológica, les puedo contestar que, aunque la paternidad adoptiva presenta dificultades y miedos diferentes, lo que nos mueve es el mismo motor que a cualquier padre: el amor.

Mi marido y yo habíamos intentado durante un tiempo tener hijos infructuosamente. Luego de algunos tratamientos bastante intensos y desgastantes habíamos dejado en pausa nuestro deseo de ser padres, había que recuperarse para volver a intentarlo. Después de casi un año volvimos a tocar el tema, pero esta vez nos planteamos la posibilidad de adoptar, lo que sin duda parecía casi imposible, pero estábamos dispuestos a intentarlo. Empezamos a averiguar en Internet cuales eran las Fundaciones acreditadas para la adopción, sabíamos que el SENAME no era nuestra primera opción por experiencias de algunos amigos, aunque en ese tiempo aún no estaba tan cuestionado.  Partimos por una muy conocida Fundación en la que fueron algo fríos y poco amables con nosotros, así que la descartamos. Continuamos con otra de las Fundaciones, donde fueron más cordiales por teléfono, nos informaron y nos inscribieron para una “charla informativa”.

En esa charla había alrededor de 20 parejas, todos con historias similares y en la misma travesía que nosotros, pero de ellos solo algunos continuarían y solo muy pocos lo lograrían, la duda durante toda esa reunión era si nosotros íbamos a estar entre esos pocos o no. Esta reunión era literalmente un corta cabezas, en que te explicaban la realidad de la adopción en Chile, los aspectos económicos y administrativos del proceso y te mostraban estadísticas sociales, de salud y esgrimían lo más fundamental que debíamos entender todos ahí, que no es más que “la razón por la que queríamos adoptar”; puede resultar una respuesta fácil, pero no lo es. Finalizada la reunión te pedían que reflexionaras y tomaras con calma la primera decisión que es simplemente “si estas dispuesto a intentar ser padre adoptivo”.

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Imagen Pixabay.com

Nosotros decidimos continuar. Nos inscribimos para el proceso de evaluación de idoneidad que se desarrolló a lo largo de ocho meses aproximadamente, en la primera reunión nos volvieron a explicar lo mismo que en la charla informativa, lo que en mi opinión tiene que ver con desmitificar la adopción, ya que es muy común que la gente lo vea como un acto de caridad con un niño abandonado; NO es así. La adopción es una forma distinta de construir familia, en el que las personas que viven el proceso lo hacen con el único deseo de ser padres, el mismo que mueve a cualquier pareja a tener hijos. En esta reunión debíamos entregar una carta con la historia de nuestras vidas. Ahí comienza un proceso donde conocerán todo sobre ti.

En alrededor de 10 entrevistas, que se alternaban entre individuales y en pareja, el equipo de psicólogas y asistentes sociales, descubrían y desdoblaban cada pedacito de nosotros; había reuniones en que salíamos pensando que todo iba excelente, y otras en que sentíamos que definitivamente no seriamos aptos. Todos esos meses se viven con harta incertidumbre y angustia. Por un lado, hay un trabajo personal bien profundo en donde se abren historias de nuestras vidas, algunas más felices que otras, y también se reparan experiencias. Finalmente, todos tenemos una vida con aciertos y errores.

Fue sin duda un periodo muy intenso y de mucha reflexión. A veces eran duras con nosotros y cuando detectaban debilidades las indagaban con bastante rigor; hoy entiendo que solo buscaban hacernos ver y encontrar nuestras fortalezas para ser padres adoptivos, lo que presenta dificultades adicionales a simplemente ser padres, ya que algún día vamos a tener que revelar a nuestros hijos su origen y vamos a tener que enfrentar, eventualmente, su genuino deseo de conocer más acerca de su historia o quizás conocer a sus progenitores, y para eso es que te evalúan tanto, simplemente para saber si tendrás las destrezas y herramientas personales para apoyar y acompañar a tu hijo en su eventual búsqueda, para estar con él después  y para siempre.

¡Dió positivo!

Esos ocho meses terminaron en una visita domiciliaria para luego esperar una reunión donde nos informarían si éramos idóneos o no. Pasó algo más de un mes y nos citaron.

No hay para qué decir lo nerviosos que estábamos. Llegamos a la fundación y nos hicieron pasar a la oficina de la directora, ella se sentó con nosotros y nos dice: “voy a ser breve. Son idóneos” y nos dejó solos un momento.

No puedo describir la emoción, pero debe ser equivalente al test de embarazo positivo, en adelante vendría la espera que podía ser muy larga. Luego volvió y nos hizo una devolución de todo el proceso, nos explicó nuestros informes psicológicos y nos detalló nuestras fortalezas y nos habló de nuestras debilidades y entendimos en ese momento que realmente el proceso era muy acucioso, pues no nos podrían haber descrito y descifrado mejor. No hubo error y muchas de las cosas que ellos mencionaron me han hecho sentido en el tiempo.

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Imagen Pixabay.com

Larga espera

Ahí comenzó la espera, era posible que fuese larga pero finalmente iba a llegar el día. Tuvimos que hacer talleres pre adoptivos con otras seis parejas, algunos de ellos aún están esperando.

Después de un año de esa reunión nos llamaron y ese momento fue mágico, había llegado finalmente el día que conoceríamos a nuestr@ hij@ después de tanto tiempo, de tantas experiencias, de tantas dificultades, realmente era increíble que por fin había sucedido. A los dos días teníamos que ir a la Fundación a conocer a nuestr@ hij@. Entre medio de la emoción nos dimos cuenta que no teníamos nada, por supuesto no habíamos preparado nada porque no sabíamos ni el sexo ni la edad, así que rápidamente tuvimos que improvisar.  

Nos citaron al medio día, llegamos y en la Fundación literalmente había una fiesta, todos sabían que íbamos a conocernos, que era el día del encuentro y estaban felices, es definitivamente un momento especial para ellos. Nos pidieron que esperáramos en el segundo piso, esa espera ansiosa fue eterna, hasta que nos fueron a buscar y nos llevaron a la sala de enlace y al poco tiempo entra en brazos de su maravillosa guardadora una bolita de amor, la tomé en mis brazos y desde ese momento mi vida de verdad cobró sentido, todo el camino que había recorrido, todo el tiempo, todas las dificultades, absolutamente todo cobraba al mayor sentido, estaba en mis brazos y en adelante mi única misión era procurar ser la mejor mamá para mi hija. Cuando mi marido la acunó vi a mi familia por fin unida, habíamos luchado tanto por llegar a ese momento que parecía una ilusión, aunque lo mejor de todo esto es que es real, y es la historia del más profundo amor.

Luego de una semana en que nos conocimos y ella se adaptó un poquito a nosotros, por fin estuvimos juntos definitivamente, en adelante la historia de la crianza en conocida…y feliz. Hubo que resolver toda la tramitación legal respecto al cuidado personal, las audiencias en los Tribunales de Familia y finalmente la última audiencia en que nos dieron la sentencia de adopción. Ese día por fin respire tranquila, porque nada ni nadie nos podría separar nunca, era definitivo e irrevocable, ella cambió su identidad y pasó a tener nuestros apellidos, ya no había que explicar nada en el médico, en la Isapre, ni en ninguna parte donde tuvieras que dar su nombre, era nuestra hija y punto final.

Daniela Ojeda. Enfermera y candidata Magister de familia y mediación.

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