Ejercicio de empatía para niños: Caperucita Roja a la inversa
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Ejercicio de empatía para niños: Caperucita Roja a la inversa

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Ejercicio de empatía para niños: Caperucita Roja a la inversa

 

Este cuento es de origen anónimo, cuenta el cuento que todos conocemos desde el punto de vista del lobo. El malo de la película cobra protagonismo y nos enseña lo importante de conocer todas las versiones que se ponen en juego en un conflicto.

Nos sirve para trabajar empatía en un curso, grupo o de manera individual. Algunas me han contado que después de conocerlo re significan sus propios conflictos de adulta. Así que a usar este recurso pedagógico tan entretenido.

Siempre, en una situación existen dos o más puntos de vista. Es importante escuchar a nuestros compañeros para saber cómo se sienten y no quedarnos solamente con la primera información.

El bosque era mi casa. Allí vivía yo y lo cuidaba. 
Procuraba tenerlo siempre limpio y arreglado. Un día de sol, mientras estaba recogiendo la basura que habían dejado unos domingueros, oí unos pasos. 
De un salto me escondí detrás de un árbol y vi a una chiquilla más bien pequeña que bajaba por el sendero llevando una cestita en la mano.
 En seguida sospeché de ella porque vestía de una forma un poco estrafalaria, toda de rojo, con la cabeza cubierta, como si no quisiera ser reconocida.
Naturalmente me paré para ver quién era y le pregunté cómo se llamaba, a dónde iba y cosas por el estilo. Me contó que iba a llevar la comida a su abuelita y me pareció una persona honesta y buena, pero lo cierto es que estaba en mi bosque y resultaba sospechosa con aquella extraña caperuza, así que le advertí, sencillamente, de lo peligroso que era atravesar el bosque sin antes haber pedido permiso y con un atuendo tan raro.
 Después la dejé que se fuera por su camino pero yo me apresuré a ir a ver a su abuelita.

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Cuando vi a aquella simpática viejecita le expliqué el problema y ella estuvo de acuerdo en que su nieta necesitaba una lección.
 Quedamos en que se quedaría fuera de la casa, pero la verdad es que se escondió debajo de la cama: yo me vestí con sus ropas y me metí dentro.
 Cuando llegó la niña la invité a entrar en el dormitorio y ella en seguida dijo algo poco agradable sobre mis grandes orejas. Ya con anterioridad me había dicho otra cosa desagradable, pero hice lo que pude para justificar que mis grandes orejas me permitirían oírla mejor. Quise decirle también que me encantaba escucharla y que quería prestar mucha atención a lo que me decía, pero ella hizo en seguida otro comentario sobre mis ojos saltones.
Podéis imaginar que empecé a sentir cierta antipatía por esta niña que aparentemente era muy buena, pero bien poco simpática. Sin embargo, como ya es costumbre en mí poner la otra mejilla, le dije que mis ojos grandes me servirían para verla mejor.

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El insulto siguiente sí que de veras me hirió. Es cierto que tengo grandes problemas con mis dientes que son enormes, pero aquella niña hizo un comentario muy duro refiriéndose a ellos y aunque sé que hubiera tenido que controlarme mejor, salté de la cama y le dije furioso que mis dientes me servían ¡para comérmela mejor!

Ahora, seamos sinceros, todo el mundo sabe que ningún lobo se comería a una niña. Pero aquella loca chiquilla empezó a correr por la casa gritando y yo detrás, intentando calmarla hasta que se abrió de improviso la puerta y apareció un guardabosque con un hacha en la mano. Lo peor es que yo me había quitado ya el vestido de la abuela y en seguida vi que estaba metido en un lío, así que me lancé por una ventana que había abierta y corrí lo más veloz que pude.
 Me gustaría decir que así fue el final de todo aquel asunto, pero aquella abuelita nunca contó la verdad de la historia. Poco después empezó a circular la voz de que yo era un tipo malo y antipático y todos empezaron a evitarme.
 No sé nada de aquella niña con aquella extravagante caperuza roja, pero después de aquel percance ya nunca he vuelto a vivir en paz.

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Preguntas sugeridas para trabajar con los niños:

¿Cómo crees que se sintió el lobo con todo esto?

¿Qué hizo la caperucita que hizo sentir mal al lobo?

*Pueden ver la versión en video, en dónde les cuento mi experiencia utilizándolo. Sirve para verlos con tus hijos también, disfrutar de sus reflexiones y caritas de sorpresa. Míralo pinchando acá.

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