Estrés nocivo vs saludable: ¿Cómo enfrentarlo y cuándo preocuparnos?
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Estrés nocivo vs saludable: ¿Cómo enfrentarlo y cuándo preocuparnos?

Psicología

Estrés nocivo vs saludable: ¿Cómo enfrentarlo y cuándo preocuparnos?

El estrés, palabra muy de moda desde hace varios años, asociado generalmente al modo de vida en el cual estamos insertos, al ritmo de vida actual poco saludable y al desarrollo de una serie de enfermedades. Es necesario conocer que la tensión generada por los desafíos de la vida, es una respuesta adaptativa de nuestro organismo y es un fenómeno muy necesario para llevar a cabo nuestros procesos. Vamos a analizar a fondo qué es, cómo opera y cómo lo enfrentamos.

¿Qué es el estrés?

La palabra estrés se utiliza desde siglo XIV, proviene del griego stringere que significa provocar tensión. Comenzó a ser utilizada en el mundo científico y de la salud hace unos 100 años asociada a los cambios en nuestro cuerpo causados por un entorno agresivo. Se define como un conjunto de respuestas que aparecen cuando una persona percibe exigencias ambientales, amenazadoras o desafiantes que ponen a prueba nuestras herramientas y capacidades de adaptación. Estas respuestas tienen por objetivo prepararnos para enfrentar los desafíos del entorno.

Es importante mencionar que el estrés corresponde a una respuesta natural y esperable, es parte de nuestra condición como seres humanos. Nos permite adaptarnos e intentar dar respuestas efectivas ante riesgos inmediatos, como por ejemplo el ataque de un perro o escapar de una situación peligrosa. También nos brinda capacidad de resolver otras exigencias más complejas como una situación incómoda con otras personas, asumir un nuevo puesto de trabajo o vivir los primeros días con tu nuevo hijo.

Actualmente el concepto de estrés se entiende como el grado de tensión que percibimos frente a un estímulo y cómo lo valoramos en relación al nivel de amenaza que identifico y las herramientas que tengo para dar respuesta a ello.

Teniendo claro esto, el estrés como tal no es bueno ni tampoco malo, depende de cómo lo evaluamos y qué respuestas somos capaces de dar. Será positivo si nos permite movilizarnos para intentar conseguir un objetivo; será negativo si nos paraliza y sus síntomas se mantienen a lo largo del tiempo.

El estrés es un frecuente motivo de consulta psicológica y psiquiátrica asociado a síntomas de tensión, ansiedad, angustia, entre otros, los cuales han perdurado en el tiempo asociado a agentes estresores tales como el trabajo, relaciones de pareja, enfermedades, o incluso nuestra propia autoexigencia.

Estrés Nocivo versus Estrés Saludable

Vivimos constantemente haciendo evaluaciones conscientes e inconscientes de las demandas que nos impone el día a día. Estas se relacionan con la idea propia de enfrentar estos desafíos, nuestra forma de resolver los problemas, nuestra experiencia pasada, nuestra motivación para superar un obstáculo y las herramientas que sentimos poseer para avanzar. A partir de este punto, el estímulo de enfrentar un desafío puede tener una connotación positiva o negativa, estimuladora o paralizadora.

Existen demandas que se transforman en un estrés negativo o nocivo para nosotros. Algunos autores lo han llamado distrés. Esto ocurre cuando sentimos que nuestras habilidades no lograrán superar las exigencias del entorno o al agente estresor (problema). En otras palabras, evaluamos la situación y vemos al desafío como desgastante, imposible, o difícil de alcanzar. Esta percepción puede desencadenar en nosotros una serie de sensaciones que retroalimentan el estrés como el agobio, irritabilidad, pérdida de la motivación, la ansiedad, la angustia, la evasión y ganas de no querer enfrentar.

Existen también una serie de estresores que afectan nuestra calidad de vida y generan una acumulación de tensión en nuestro organismo que es importante reconocer. En los años 30, un investigador llamado Hans Selye presentó uno de los primeros trabajos sobre estrés hechos en ratas de laboratorio.  Demostró cómo el organismo de estos animales se veía seriamente afectado ante situaciones estresantes permanentes. Se observó que las ratas luego de ser sometidas a distintas formas de estrés perdían el apetito, sufrían insomnio, dejaban de relacionarse con su grupo familiar, desarrollaban enfermedades y vivían menos tiempo.

Pareciera que las ratitas de Selye, somos los humanos del siglo XXI. Hoy es muy común ver en nosotros que los elementos que nos estresan son estables en el tiempo y sin duda afectan nuestro bienestar y nuestra salud. Actualmente existe una enorme cantidad de evidencia científica que ha demostrado la aparición de enfermedades cardiovasculares, de la piel, cáncer y depresión. Todas asociadas a altos niveles de estrés mantenido en el tiempo. (Cohen, 2013). Nuestro cuerpo no tiene una capacidad infinita de soportar la tensión.

Por otro lado, tenemos al estrés saludable o positivo. También lo han denominado eustrés. Corresponde a la tensión generada por un estímulo desafiante, que, al valorarlo, sentimos tener la capacidad de dar respuestas adecuadas a esta demanda. Es un estímulo movilizador al cual respondemos de manera creativa y positiva. Se resuelven las dificultades que se nos presentan y desarrollamos capacidades y destrezas al tiempo que adquirimos experiencia.

Sin este estrés, probablemente no podríamos sobrevivir, está muy vinculado al enfrentar los desafíos, es parte de nuestro motor vital.  Para ser creativos en muchas de las actividades de nuestra vida, como la familia, el trabajo, el deporte, la música, las relaciones interpersonales, es importante y necesario un cierto grado de estrés. Sin este, la mayoría de las personas no nos levantaríamos temprano por la mañana, ni nos esforzaríamos para llegar a tiempo al trabajo o al estudio; tampoco terminaríamos nuestros proyectos, no cumpliríamos los compromisos frente a otros y seguramente le haríamos el quite a la gran mayoría de los problemas.

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El estrés no es algo que está a nuestro alrededor y que nos ataca, o algo de lo que somos víctimas. El estrés se debe a la interpretación de la situación, basándose en nuestras propias habilidades y experiencias pasadas. Todos tenemos un rol activo con respecto al estrés. En realidad, este no tiene poder propio para lesionar, sólo se nutre de la propia condición de cada ser y siempre es posible vivir de manera positiva.

¿Cómo enfrentamos el estrés?

Existen episodios estresantes donde respondemos de forma automática, son parte de un mecanismo de supervivencia que nos permite estar más atentos ante un peligro. En otras ocasiones el estímulo, el problema o la exigencia requiere de nosotros respuestas mucho más complejas y pone a prueba nuestra capacidad de enfrentarlos.

Es muy importante identificar que lo que nos estresa depende en gran medida de cómo valoramos la situación. Lo que estresa a una persona no estresa a otra. El estrés no es sólo una consecuencia de lo que ocurre en el exterior, sino que en realidad es un proceso de interacción entre los eventos externos y las respuestas a niveles de la mente, la emoción y el cuerpo, son muy importantes las características personales frente a las demandas del medio.

Para salir del estrés, muchas personas buscan escapar de la rutina para centrar el foco en otra actividad. Es muy común escuchar a personas que dicen eliminar el estrés haciendo deporte, practicando algún hobbie, contactándose con la naturaleza o juntándose con amigos. Cualquier actividad que decidas hacer y sientas que te relaja, te desconecta, te hace más feliz es muy deseable y debemos hacerla la mayor cantidad de veces que podamos.

Pero es importante reconocer que con esas actividades no se ha eliminado la causa del estrés, ni tampoco hemos adquirido nuevas habilidades para enfrentar lo que nos paraliza. Es por ello que para enfrentar los desafíos y sus problemas debemos estar muy atentos a lo que nos ocurre. Darnos cuenta qué nos provoca el estrés, qué pasa en mí con esta situación que me estresa y qué me ocurre en relación a eso. Importan mucho los recursos propios para enfrentar las demandas externas, cuando no hay equilibrio, el resultado es inadecuado.

Como conclusión el estrés no es malo en sí mismo, depende de cómo veamos los desafíos, ya que estos pueden tener un valor y un significado muy diferente en cada persona. Las situaciones estresantes debemos convertirlas en una oportunidad de nunca dejar de mirarnos y aprender. Es necesario buscar la esencia de mi conflicto, incluso en compañía de un profesional.

 

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Carla Zapata Gómez

Psicóloga Clínica Adulto – Terapeuta Gestáltica

Puerto Montt

Correo: carlazapatagomez@gmail.com

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