Madres estresadas: enojadas con las madres respetuosas (que también nos estresamos)
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Madres estresadas: enojadas con las madres respetuosas (que también nos estresamos)

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Madres estresadas: enojadas con las madres respetuosas (que también nos estresamos)

  
Últimamente hemos encontrado muchos artículos en internet y varios perfiles en redes sociales, anónimos por lo demás, que hacen alarde de ser una nueva clase de madres. Se burlan de la crianza por respeto, señalan que gritar a nuestros niños es lo mejor y se burlan de las súper madres. 

Las súper madres también nos súper colapsamos, súper cansamos, súper enojamos y súper etcétera. Todas somos súper madres porque a la base tenemos súper amor por los niños. Y así como fallamos a veces también pedimos disculpas. Sin embargo jamás avalaremos el Gritar o maltratar a un niño.

Los adultos tenemos dos opciones:
1) Regulamos la rabia (gritos) o 2) Inhibimos la rabia (gritos)
¿Qué hacemos generalmente?. Esconder, taparla, no expresarla. Y no porque queramos, sino porque no nos han enseñado a expresar esa rabia y menos aún a manejarla. De ahí es que nace el famoso tema de “las pataletas”, expresión típica de los niños cuando algo no les resulta.

Para el manejo de esas pataletas (entendidas como desregulaciones emocionales de la frustración), es que el adulto debe actuar ayudando a contener al pequeño, y ¿cómo? : Teniendo en conocimiento primero que SIEMPRE, SIEMPRE, estamos comunicando, con nuestra expresión facial, con nuestro tono de voz, con nuestra cercanía o distancia física y con la coherencia de nuestros hechos. Los pequeños harán un monitoreo ocular, nos observarán para poder entender y captar la emoción de nuestros rostros, y es en ese momento, donde nos necesitan como intérpretes traductores de lo que pasa.

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¿Por qué les contamos esto como Equipo de Supermadre?

1) Porque avalaremos la Crianza con Respeto, no desde una exigencia demandante por la perfección de la crianza en la maternidad y la paternidad, al contrario, sino, desde el reconocimiento de que venimos de una cultura en que no tendemos a hablar de las emociones, en donde no regulamos la rabia, y en donde vivimos de las típicas situaciones donde el enojo no se expresa, se guarda, se reprime hasta llegar al punto de explotar. Por tanto, eso hace que como adultos, no tengamos las herramientas suficientes, para poder enseñarles a nuestros pequeños, el mundo emocional que a través de esta página sí queremos aportar por medio de herramientas guiadas.

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2) La Figura de Apego de un niño (la persona con la que más tiempo pasa un pequeño y al cual el recurre cuando algo le sucede) será un adulto que aporta y entrega ese modelo de regulación a lo largo de la vida. Esto quiere decir que: Si un niño observa que su adulto modelo grita y colapsa todo el tiempo y esto se avala, el pequeño, lo verá como parte de lo establecido, de lo “normal”, de lo esperado. Por tanto, no espere a que el comportamiento de ese muchacho sea regulado, calmado, poco ansioso. Los chicos aprenden de nuestras conductas, no de nuestras palabras, por tanto ser Figuras referentes, implica coherencia en nuestros actos y conversación continua de nuestras emociones.

3) Como Equipo, no avalaremos perfiles o páginas, que normalicen el colapso o los gritos, entendiendo que cualquier madre o padre pueden cansarse, porque es totalmente válido, pero no por ello, bueno… fomentamos la búsqueda por el encuentro. Ese encuentro precioso con la coherencia en la que, si puedo pedirle a mi pequeño tranquilidad, comportamiento, será porque lo aprendió de un modelo, de una figura que se lo enseñó a través del amor, en donde ambos han construido una historia de crecimiento, un baile, una sincronía en donde padre e hijo a través del dialogo logran entenderse, una “función reflexiva” en donde yo como adulto, le he enseñado a mi pequeño a leer intenciones, creencias, deseos, preocupaciones, valores en otros y en sí mismo, por medio de mi guía, en un trabajo en conjunto, lleno de amor, para que en un futuro, cuando deba decidir, relacionarse y ser un ente social, pueda pasar a ser un adolescente y un adulto que pueda decir: “¿hoy regulo mi rabia o la inhibo?”

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Isabel López Turner

Psicóloga 

 

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