¿Cómo explicarle a mis hijos que tengo Cáncer de Mamas?
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¿Cómo explicarle a mis hijos que tengo Cáncer de Mamas?

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¿Cómo explicarle a mis hijos que tengo Cáncer de Mamas?

Me ha costado un montón escribir estas líneas, llevo días y días postergando el sentarme y dedicarle el tiempo que hacerlo requiere, y reflexionando me doy cuenta que probablemente lo que me ha costado es enfrentar este tema, ya que como le pasará probablemente a muchas de ustedes, el cáncer es un tema que queremos evitar, pensar que no existe, creyendo que al no conectarnos con la posibilidad de que nos pase algo, nos protegemos.

Lamentablemente las cosas no funcionan siempre así, y muchas veces, aquello que evitamos al no enfrentarlo tiende a crecer y a perseguirnos. El saber que existe la posibilidad de que nos enfermemos, además de aterrorizarnos en nuestro inconsciente, si lo hacemos consciente y lo canalizamos, puede que nos ayude a activarnos y a tomar todas las medidas que hayan en nuestras manos para ocuparnos y ayudarnos. Activarnos a estar conscientes de que no somos invencibles ni inmortales por más que nos gustaría y encantaría serlo, que no somos imprescindibles por más que lo parezca, y que si no nos cuidamos, nos enfermamos. Y a veces aunque nos cuidemos, nos enfermamos igual.

Aclaro que no he tenido cáncer (ahora estoy tocando madera), y escribo estas líneas desde mis conocimientos como psicóloga, pero sobretodo escribo desde el tremendo aprendizaje que ha sido acompañar a madres que se enfrentan con el diagnóstico de una enfermedad que de tan solo escucharla, genera ese terror. También escribo desde mi propia experiencia como hija, ya que crecí con el miedo a perder a mi propia madre producto de una enfermedad degenerativa que le diagnosticaron antes de que yo naciera, lo cual hizo que la enfermedad estuviera presente en mi vida desde muy temprano, algo similar a lo que ocurre a los niños que se enteran de que su mamá tiene una enfermedad como el cáncer de mamas, que si bien es curable hasta en un 95% si es detectado de forma temprana, igual tiende a encender esa chispa, ese miedo, de que podríamos perder a nuestra madre o a algún ser querido. Por lo tanto, escribo con la intención de compartir con ustedes algunas ideas de cómo enfrentar esta noticia, que espero que no llegue y que estén leyendo más bien por curiosidad, pero que si lo leen por necesidad, porque tuvieron un diagnóstico de un cáncer, o creen que podrían ser diagnosticadas luego de un examen médico, lo primero que quiero decirles, es que no están solas.

No están solas

No están solas. Por más que cuando escuchamos estas cosas tratamos de pensar en que no existen, por más que protegemos a nuestros hijos de todo sufrimiento, y tratamos con todas nuestras fuerzas de hacerlos los niños más felices de todo el universo y de darles nuestro amor incondicional, a veces estas cosas pasan, y eso no las hace malas madres, como tampoco significa que estarán dañando a sus hijos ni traumatizándolos de por vida. Porque sí, la resiliencia existe, lo he visto y lo veo constantemente con mis propios ojos, donde mis pacientes día a día me confirman aquello que dice el dicho “lo que no te mata te hace más fuerte”, y que cuando nos afecta alguna tragedia, alguna enfermedad, o cualquier adversidad en nuestras vidas, si lo enfrentamos con amor, con una persona que nos contenga, nos cobije, nos acompañe y nos explique qué ocurre de manera certera y amable, podemos incluso salir fortalecidos de estas experiencias.

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Por eso siempre explico a las madres que la fantasía siempre es peor que la realidad. ¿A qué me refiero con esto? Que si nos diagnostican con una enfermedad, si nuestro mundo después del diagnóstico se hace pedazos, por muy fuertes que seamos, por muy combatible y alentador que el diagnóstico sea, el que te digan “tienes cáncer” cambia nuestra vida, y no podemos hacer como si no estuviera pasando nada.

Los niños se dan cuenta, si no les explicamos que nos está pasando algo (y qué nos está pasando), su fantasía rellenará todos los recovecos de su mente, y empezaran a generar explicaciones ellos mismos, explicaciones no necesariamente reales. Por ejemplo, puede que interpreten su distancia o ensimismamiento como que no los quieren como antes, pensando que quizás ya no tienen tiempo suficiente para ellos, que algo nos pasa, que nos vamos a separar, y quizás cuantas otras explicaciones más. Y lo peor de todo, si no hablamos con ellos, se quedarán más solos en su dolor, en su temor, porque no saben ponerlo en palabras, no saben muy bien qué es lo que sienten, qué es lo que piensan, y mas aún les costará compartirlo, o no querrán hacerlo por miedo a hacerles más daño, a afectarlas más, o a confirmar aquellos miedos que tienen.

Por eso, mi primer consejo, ante todo, es que tenemos que contarles a nuestros hijos lo que nos está pasando, tenemos que compartir con ellos que algo ha pasado, que estamos enfermas.

Obviamente diremos cosas distintas dependiendo de la edad de nuestros hijos, nos adecuaremos a su nivel de lenguaje, de desarrollo, de capacidad de entender, y a como son ellos. Nadie conoce mejor a sus hijos que ustedes mismas, por lo mismo, todo lo que escribo solo busca guiar y sugerir algunas ideas de qué hacer y qué no hacer, pero no es en ningún caso una receta o un manual, porque todos somos distintos, y por lo mismo, necesitamos y enfrentamos las cosas de distinta manera.

¿Cómo dar esta mala noticia?

Lo primero es estar conscientes de que no podemos hacer como que nada pasa, y que tenemos que contarles a nuestros familiares y amigos, hijos incluidos, que nos han diagnosticado de cáncer. Y para ello, tenemos que planificar qué diremos, que no diremos, dónde lo haremos, si estaremos solas o acompañadas, teniendo en cuenta qué es lo que necesitamos nosotras para sentirnos seguras, y que podrían necesitar nuestros hijos para recibir de la mejor manera posible (si es que la hay) la noticia.

No escondas tus emociones

Si lloras, si muestras que tienes miedo o pena, está perfecto, porque lo normal es que tengas pena, que tengas miedo, y al expresar tus emociones a tus hijos, también les demuestras que es normal sentirse así, y que está bien que sientan miedo, pena, rabia, entre tantas otras emociones, y que no pasa nada por sentirlas, y que al contrario, el ponerles nombre, el decirlas en voz alta, ayuda. Siempre me acuerdo del dicho “una pena compartida es media pena, y una alegría compartida es doble alegría”. Así que compartamos, animemos a nuestros hijos a decir qué sienten, qué les pasa, sin forzar, sin interrogarlos, sino que demostrándoles con nuestros propios comportamientos que está bien sentir, y que nosotros también lo hacemos.

Comparte tu plan

Cuando les demos la noticia, es importante explicarles qué tenemos, cómo lo combatiremos, y todos los pasos que tomaremos para nuestra recuperación. Para eso tenemos que haber interrogado bien a nuestro médico antes. Ojo que desde que te dicen la palabra cáncer, muchas veces dejamos de escuchar todo lo que viene después, por lo mismo, puede que sea útil ir al doctor con alguien que nos ayude a tomar nota, a retener información para que después podamos tomarla en cuenta y transmitirla de manera simple, concreta y clara a los otros.

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Explica con peras y manzanas

Ojo que si decimos que tenemos cáncer, no tenemos que dar por hecho que nuestro hijo sabe que es el cáncer, que significa. Por eso, además de decir que tenemos cáncer de mamas, debemos tratar de explicar, con peras y manzanas, qué significa eso. Por ejemplo, podemos decir que nos encontraron una pelotita en el pecho que es mala porque tiene unas células que nos pueden hacer daño si siguen creciendo, y que por eso tendrán que sacarla para que no contamine las otras partes de nuestro cuerpo. Y que después de sacar la pelotita, para tratar de que no vuelva a aparecer más adelante, tendremos algunos tratamientos para combatirlos.

Anuncia los cambios que vienen

Dependiendo de la edad se les hablará más o menos lúdicamente, pero dentro de lo que digamos es bueno transmitir algunas cosas básicas como el tipo de cáncer que tenemos, en qué parte del cuerpo, como será el tratamiento y los cambios que van a ocurrir tanto a nivel físico como a nivel familiar. Por ejemplo, es bueno explicar que pese a que estemos con cáncer, la vida de ellos seguirá siendo lo más parecida posible, para lo cual tenemos que tratar de sostener sus rutinas, horarios, actividades extra programáticas, etc. ya que esto les dará seguridad y estabilidad a sus vidas pese al gran cambio que su enfermedad puede significar. También podemos anticiparles que puede que producto de algunos tratamientos podemos estar un poco mas cansadas, por lo cual puede que otras personas de nuestra confianza nos ayuden en este proceso. Siempre ayuda para estos cambios, y sobretodo para niños chicos, el tener un calendario de la semana y dibujos o símbolos de quien los irá a buscar al colegio, quién los llevará al cumpleaños, etc. De manera que sepan con anticipación qué ocurrirá y no se preocupen al no verlas a ustedes.

Acude a tus redes de apoyo

Esta enfermedad es un recordatorio de que también tenemos que preocuparnos y ocuparnos de nosotras mismas, y que no podemos hacernos cargo de todo solas. Necesitaremos más que nunca de nuestros seres queridos, tendremos que aprender a desarrollar nuestra capacidad de pedir ayuda y de delegar en otros, alguien que puede ayudarles con el turno del colegio los días que tengan quimio, alguna amiga que lleve a sus  hijos a los cumpleaños si están muy cansadas, o sus mismos padres, parejas, amigos, y conocidos acompañándolas y acompañando a sus hijos en estas circunstancias.

Diles que no es culpa de ellos

Es fundamental, por muy obvio que nos parezca, aclararle a nuestros hijos que esto no es culpa de ellos, que no hay nada que ellos hayan hecho para que tengamos esta enfermedad. Los niños y adolescentes tienden a ser egocéntricos como parte de su etapa del desarrollo, y por lo mismo tienden a atribuirse a si mismos las causas de las cosas que ocurren, tanto buenas como malas, por lo que más de una vez tenemos que recordarles que esto no es su culpa. Así también es muy importante que además de no ser culpables de la aparición de la enfermedad, tampoco va a depender de ellos su sanación ni recuperación, ya que si no puede que asuman la responsabilidad de ser sus salvadores, y terminen por asumir roles que no les corresponden y que no les permita mantenerse en el rol de hijos.

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Crecimiento post traumático

No esta de más tener claro que no es su culpa que se hayan enfermado, y que por más que les encantaría poder encontrar una explicación o un por qué de su enfermedad, es muy difícil que lo sepan. Por eso animo a mis pacientes a cambiar la pregunta de ¿por qué? a ¿para qué? Qué voy a hacer con este diagnostico, cómo lo transformaré a mi favor, cómo lo daré vuelta y será, quizás más tarde que temprano, algo que pueda resignificar sus vidas y la de sus seres queridos, en algo positivo. Porque sí existe el llamado “crecimiento post traumático”. Sí pueden salir fortalecidas de estas experiencias, y de ello dependerá la historia que se cuenten a si mismas, como también las historias que sus hijos se contarán a ellos en el futuro.

El cáncer no necesariamente es igual a muerte

También es bueno aclarar que el cáncer no es contagioso, que no porque ustedes lo tengan ellos lo van a tener, ni tampoco su padre u otro ser querido. El cáncer es una enfermedad, y que como todas, no se sabe tan claramente porque se genera, pero lo que sí sabemos es que hoy tiene altas posibilidades de curarse y que existen distintos tratamientos y cosas que podemos hacer para curarse.

Por último, solo recordarles que esto es solo el comienzo de una y de muchas conversaciones futuras del tema. Es imposible abarcar en un solo artículo todo lo que me gustaría transmitirles, como tambien será imposible para ustedes en una sola conversación explicar, contener, abrazar, calmar y responder a las dudas y preguntas de sus hijos.

El dar la noticia es solo el comienzo. Seguramente a medida que sus hijos vayan procesando la información, vayan digiriendo lo que les dijeron, irán apareciendo preguntas, dudas, emociones, y tantas cosas más a lo que pueden volver mas adelante.

No duden en seguir hablando de este tema con sus hijos, dejando espacio para preguntas, para comentarios, y tampoco se olviden de ir chequeando como ustedes mismas van llevando este proceso, además de cómo lo están llevando sus hijos.  Lo importante es que con esta y con las futuras conversaciones que vendrán, otorguen ese sentido de familia, de que están todos juntos en esto, de que lucharán juntos por salir adelante, y que este tema no es un tema tabú, es la realidad que están viviendo ahora y que, sin duda, lo que no te mata te hace mas fuerte y que juntos saldrán fortalecidos, mas unidos y mas enteros.

Un abrazo a cada una, y muchísima fuerza.

Camila Bascou Bentjerodt

Psicologa Clinica de Adultos y Coach de Crianza

www.camilabascou.cl

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