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En el mes del cáncer de mama: Carta a mi abuela Sara

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En el mes del cáncer de mama: Carta a mi abuela Sara

Hola, abuela Sara:

No tuvimos la oportunidad de conocernos. Soy Gaby, la mayor de tus nietas mujeres, hija de tu 3era hija, de esa que criaste para que no fuera dueña de casa y fue dueña de casa gran parte de su vida hasta que ya no fue más. Soy la nieta que heredó tu pasión por el cine y la televisión, la que heredó la forma de tu cuerpo, tu talento para cocinar, mas no tus hermosos ojos azules. Esos se los quedó mi hermano. Maldito, no los merece.

No nos conocimos porque te moriste el 1ero de mayo de 1981, de cáncer de mamas… seguro ya sabes, un cáncer muy común que ataca a las personas que tienen pechugas. En tus tiempos, mucho más difícil de detectar que ahora. Te fuiste 3 años antes de que yo naciera, pero mi madre, intentando llenar el vacío que le dejaste a ella, llenó mi corazón de tantos pensamientos y recuerdos sobre ti, que siento que te conocí, en algún lugar más allá de esta vida terrenal.

Tu muerte prematura siempre fue una sombra en mi vida; así como creé estos recuerdos falsos de conversaciones que sólo tuvimos en mi mente gracias a lo que me contaban sobre ti, también crecí con miedo. Miedo a que mi mamá también se muriera joven, miedo a yo morirme joven. Cuando pienso en el cáncer de mama, pienso que me daría lo mismo que me sacaran todo con tal de seguir viva. Supongo que también pensaste eso y te sometiste a todo lo que pudiste soportar para darte más años de vida. No sé si es algo común en las niñas del mundo, pero yo siempre crecí sabiendo que el auto examen es primordial y, cada cierto tiempo, le pregunto a algún médico si lo hago bien, reviso videos y pienso que tú supiste que tenías cáncer porque una vez escuchaste en la radio que había que auto examinarse y… bueno, encontraste un bultito. Escucho esa historia desde chica y desde que tengo pechugas que me las toqueteo, revisando, presionando, buscando algo anormal. Nunca le había contado esto a nadie, te cuento a ti porque quiero que sepas que aprendí algo de tu cáncer, me toco todos los días, a veces con técnica, a veces sólo por cumplir, siempre pendiente de encontrar algo… y aliviada por no pillarlo. Doy tanto jugo con el cáncer de mama, que convencí a un ginecólogo de que era necesario hacerme una mamografía antes de los 40. Oye, qué examen más espantoso, sobre todo para las personas con pechos ínfimos. Estoy segura de que lo inventó alguien sin pechos y que nadie se ha preocupado de mejorarlo, porque se pasó para incómodo y doloroso, me dijeron que sobre todo para las que tenemos los pechos enanos. Pero me haría una todos los años si eso me mantiene lejos del cáncer. Es bien loco, porque como enfermedad familiar también tenemos diabetes, hipertensión, hipertiroidismo y todo lo que hace que una engorde con más rapidez que cualquier otro humano y que bajar de peso sea toda una complicación, pero es el cáncer el que me obsesiona. Supongo que es porque, hasta ahora, es la enfermedad que me ha quitado más gente…

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Alguien dijo una vez que la gente muere cuando se olvida y creo que estás más viva que nunca. Hay muchísima más gente que te recuerda de la que puedo contar; cada vez que conozco a algún familiar lejanísimo, hablan de ti con mucho amor y nostalgia. Porque eras un ángel, cariñosa, afable, preocupada, la mejor amiga, es increíble como todo, TODO el mundo te adoraba a un nivel… inhumano. Quizás sí eras un ángel. Lo interesante, es que mi mamá no sólo me habla de las cosas buenas que tú hacías, también conozco gracias a sus historias tus partes más oscuras, y me encanta, porque te hace humana, te hace más mía que de los otros. Esas historias, las fotos y tu libro de recetas me han hecho crecer contigo muy cerca, pese a estar tan lejos… y bueno, sin querer, me dejaste también lo más importante que tengo ahora: mi familia. Sé, por lo que me han contado, que tú y tu mejor amiga soñaban con que sus hijos se casaran para ser MÁS familia, porque ustedes se amaban como hermanas y, ya ves… acá estoy, viviendo y criando un hijo con el nieto de tu hermana del alma. ¿Cómo no voy a creer que estás cerca, cuando incluso mi hijo existe gracias a ti?

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El cáncer nos separó, sí, pero no lo voy a culpar de nada. Finalmente, no sirve de mucho lamentarse por las cosas inevitables y, aunque no te tuve cerca de mi cuerpo, te tuve y te tengo cerca de mi alma, siempre, todos los días.

Prometo seguir amando mi cuerpo porque encuentro que se parece al tuyo. Prometo seguir siendo buena amiga porque siento que es tu legado. Prometo seguir revisándome e incentivando a quienes conozco a que lo hagan, para que no más cánceres dejen a jovencitas sin sus madres ni a nietas sin sus abuelas. Lo prometo.

Gaby Carreño, tu nieta favorita

Guionista, nieta, hija y mamá.

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Pd. Intenté que pasara piola lo de la concientización en medio de esta carta personal, pero es difícil, así que aquí lo escribiré directamente: Tóquense las pechugas regularmente, chiquillas. La detección precoz ha salvado muchas vidas.

Pd2. Foto de Lazo creado por jcomp – www.freepik.es

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